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Guillem de Rocafull, el virrey más «odiado» de Mallorca

'Vendió' a los 'ciutadellencs' al enviar exiguas provisiones de pólvora a defender Menorca cuando el rey le ordenó mandar a mil soldados

Recreación histórica en Dalt Murada. | Redacción Cultura

| Palma |

Mallorca, a lo largo de la historia, ha tenido numerosos señores. Algunos han dejado tras de sí un grato recuerdo por sus actos y bonhomía, y el de otros es más infausto. En esta segunda categoría debemos encuadrar a Guillem de Rocafull, hidalgo que ejerció de virrey de la Isla en el siglo XVI. Las crónicas no solo narran una intensa oposición por parte de los caballeros mallorquines. Por si fuera poco, a Guillem de Rocafull algunos expertos le imputan un error imperdonable. Un fallo de cálculo que llevó a muchos menorquines a la muerte y la esclavitud.

Nacido en Orihuela en la primera mitad del siglo XVI, fue gobernador de Alicante y de su población natal antes de ser destinado a Menorca, donde avanzó en la construcción del castell de Sant Felip, el baluarte defensivo de la embocadura del puerto de Mahón. El 26 de julio de 1557 fue nombrado desde Bruselas por Felipe II nuevo virrey de Mallorca, algo que causó controversias al más alto nivel, entre el monarca, la princesa Juana y el Consejo de Aragón. De hecho el órgano aragonés recomendaba esperar a promocionar a este personaje con un curioso argumento que luego se tornaría revelador: «está odiado por los cavalleros de Mallorca».

Su experiencia con Sant Felip pudo ser un argumento determinante en su elección, ya que Ciutat de Mallorca necesitaba un nuevo baluarte defensivo, lo que a la postre sería conocido como el Baluard del Príncep. Según la Real Academia de la Historia, Guillem de Rocafull arribó a la Isla el 22 de marzo de 1558.

«Su virreinato fue breve, pero tremendamente conflictivo ya que heredó de su antecesor en Mallorca un clima contestatario que se incrementó inmediatamente después de su llegada» dicen desde la entidad especializada. En 1560 encargó la reforma de las murallas de Palma al italiano Juan Bautista Calvi, entre otras reformas defensivas, y no tardó mucho en insultar a los jurados por desavenencias sobre los costes de la defensa. Como muestra un botón: en julio de 1558 sesenta y seis caballeros firmaron un escrito que denunciaba que «el nuevo lugarteniente que hoy tenemos [...] continuamente haga [...] lo mesmo y aun algo mas que los otros quebrando privilegios, franquesas y buenos usos».

Cierto es que las rencillas con parte de los caballeros mallorquines y el virrey se habían tornado cuasi endémicas, pero la cosa iba esta vez en serio. Llegaron a acusarle de actuaciones anticonstitucionales y el descontento fue a más. En un año un nuevo escrito remitido al rey fue suscrito por setenta y uno de los caballeros de Mallorca, que en esta ocasión solicitaron el envío de un juez de residencia «por los agravios y sobras que de cada dia recebimos por desconciertos y injusticias caben en nuestro gobierno». En 1561 fueron ciento ocho los hombres de armas que apostaron por dicha solución.

Más allá de las discrepancias de Rocafull con los caballeros constan divergencias con el regente de la Cancillería, Joan Armengol. Asimismo, en junio de aquel 1561 la visita del obispo de Alguer suscitó otra crisis en la parte noble de Palma. Rocafull había cancelado la audiencia con el clérigo y según sus oponentes esta debía llevarse a cabo. De lo contrario, advertían, «serem forçats exirnos obtesa licencia de Vostre Magestad per no poder mes sufrir les injuries y agravis rabem continuament de don Guillem de Rocafull loctinent general de V. Majestad».

Pere Antoni Zaforteza actuó en representación de los caballeros contrarios al virrey, y en el mes de septiembre Rocafull fue llamado a capítulo. Aprovechando su ausencia el obispo de Alguer se presentó ante el Gran i General Consell como visitador, y hubo remociones de cargos además de hallarse una falta de fondos en la llamada Taula de Camvis. A principios de 1562, cuando Rocafull regresó a Mallorca, la oposición contra su figura era ya bastante transversal y generalizada.

Se analizaron con detenimiento sus actuaciones y se concluyó que en el ejercicio de sus potestades había conculcado veinticinco privilegios del reino, al tiempo que un síndic remitió al rey importantes reivindicaciones, y este puso en libertad a dos jurados presos por orden de Rocafull, desautorizando así el poder del virrey a ojos de los jurados, que valga la redundacia, se la tenían bien jurada al gobernante de origen alicantino.

Las villas mallorquinas cooperaron y afloraron más abusos y excesos. Nuevamente, a finales de 1563, fue llamado a la corte. Pocos meses después lo relevarían del cargo, concediéndole un hábito de la Orden de Calatrava y más tarde la titulación de la rica encomienda de Alcolea. En 1564 participó en la conquista del Peñón de Vélez de la Gomera. Acabó su carrera política en 1571 como general en La Goleta (Túnez), donde murió.

No obstante, la periodista Marga Benejam explicó desde Menorca otro motivo razonable para odiar a Rocafull. En esta ocasión tiene que ver con el ataque turco a gran escala de 1558, lo que en Ciutadella conocen como S'any de sa desgràcia y que llevó a una purga de dimensiones descomunales. Una ratzia de la cual todavía se acuerdan los menorquines, quinientos años después.

La reportera se hizo eco de la teoría del historiador Josep Pellicer, que sostiene que los turcos asaltaron Menorca por casualidad, que los ciutadellencs resistieron esperando refuerzos y que el responsable de la derrota fue el entonces virrey de Mallorca. Adivinen: Guillem de Rocafull incumplió las órdenes dadas.

El profesor Pellicer, tras realizar estudios en archivos históricos franceses, duda de una supuesta traición desde dentro como puso de pretexto Rocafull, y afirma que no hubo despliegue de fuerzas francesas. El ejército asaltante era íntegramente turco, unos 15.000 soldados profesionales, en su mayoría niños huérfanos que habían crecido a base de sus campañas militares en Europa oriental y Asia. Eran entrenados de pequeños para ser jenízaros, soldados de élite turcos y como tales estaban muy bien pagados. La lucha contra 70 soldados viejos, mal recompensados y peor armados depararía un resultado previsible.

Con Ciutadella asediada «solo podía alargarle la esperanza que un día u otro llegarían los mil soldados desde Mallorca que el rey Felipe II había ordenado que fueran». Pero desde Mallorca, el virrey Guillem de Rocafull sólo envió a la Isla vecina una barca con diez barriles de pólvora, que los turcos interceptaron. Fue la única ayuda exterior en diez días de penuria y dolor.

Al virrey, según el historiador, le dio un ataque de pánico y pasó tres días con sus tres noches sin decir ni mú. Rocafull intentó justificarse a posteriori escribiendo que «el capitán Negrete lo ha hecho ruinamente», responsabilizando a un lugarteniente de la pérdida de la plaza menorquina cuya defensa le correspondía a él en primera persona. Pero el informe que el capitán Pedro Reinoso hizo más tarde por encargo del virrey de Cataluña puso de manifiesto las patrañas de Rocafull, quien mintió y por tanto quedó retratado como el responsable real de la derrota.

No puede saberse a ciencia cierta por qué Guillem de Rocafull no mandó un refuerzo en condiciones para liberar a los menorquines de la amenaza otomana. Las órdenes del rey eran claras ante tamaña intimidación. Se dice que durante el asedio un turco conminaba a voces a la rendición en castellano. En la noche del octavo día de sitio se incendió el depósito de municiones, lo que llevó a evacuar la ciudad, pero la columna fue interceptada y sus integrantes asesinados en masa o hechos esclavos.

Al día siguiente las tropas turcas penetraron en Ciutadella como agua entre las rocas. Arramblaron con todo durante tres días. Cuentan de aquel episodio luctuoso que la ciudad fue despoblada; se destruyeron todas las construcciones, también la Catedral, en lo que fue la mayor catástrofe demográfica desde la Conquesta de Menorca de Pere el Gran de 1287.

Unos 5.000 menorquines murieron o fueron enviados como esclavos a ciudades del otro extremo del Mediterráneo como Constantinopla. Aquellos más notables, de familias pudientes, fueron intercambiados por importantes rescates. Cada 9 de julio Ciutadella recuerda los hechos dramáticos que marcaron a fuego su historia con la lectura del acta de Constantinopla en el saló Gòtic del Ajuntament. Además, el Obelisc de Ciutadella de la Plaza del Born se erigió con motivo de los 300 años de esta dolorosa derrota.

Tal vez prevenido por todo lo sucedido en Menorca, en mayo de 1561 el virrey Guillem de Rocafull envió una expedición militar al norte de África. Así supo que otra gran armada turca y argelina estaba preparando un gran ataque sobre la costa mediterránea occidental. Planeaban atacar un pueblo de la costa mallorquina, sin precisar cuál. Días después hubo noticias de una veintena de naves musulmanas aprovisionándose en Ibiza. Como no supo qué parte de Mallorca sufriría el azote de la media luna mandó a todos los pueblos a organizarse para la defensa. Esta vez, aparentemente, tomó una decisión acertada. Pero esa, esa es otra historia.

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