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Lenteja mallorquina

Toni Sureda ha sembrado 2,5 'quarterades' en la finca de Can Vives de Son Macià

Cultivo de lenteja autóctona en Mallorca. | Gori Vicens

| Son Macià |

El cultivo de la lenteja no es habitual en Mallorca. De hecho, hay muy pocos productores y con cantidades no muy cuantiosas. Toni Sureda de Son Vell hace ocho años que empezó la aventura de cultivar lenteja mallorquina «la auténtica de aquí, de toda la vida», explica, de la mano de la Associació de Varietats Locals de Mallorca (AVLM) que le cedió las primeras semillas y que él fue multiplicando durante los primeros años. Empezó recolectando 2,5 kilos y para este año, que ha sembrado unas 2,5 quartedades en la finca de Can Vives (Son Macià) la previsión es llegar a los mil kilos.

Para el cultivo de la lenteja, Toni Sureda, explica que «la base es que la tierra esté muy labrada y en la que no se haya sembrado nunca –o lo menos posible- lentejas. Es necesarios pasar frecuentemente los cultivadores porque su proceso es similar al de las plantas de verano». Se suele sembrar a principios de febrero –por Santa Apolonia- y, una vez sembrada, su cuidado es mínimo, «necesita sol y viento y alguna brusca no le va mal».

Por la experiencia de estos años, al ser un cultivo a la seca, Toni comenta que «no quiere demasiados días de humedad, porque si no tiene el problema del óxido (rovell)».

Las tres generaciones Sureda, de Son Vell: Toni, Guillem y Pau, después de cosechar. Fotos: GORI VICENS

La familia Sureda, las tres generaciones: Guillem, Toni y Pau, cosecharon la semana pasada, aunque «quince días más tarde habría sido mejor, pero debido a las bandadas de torcaces (tudons) la hemos avanzado». Asegura que «el problema con estos animales no es lo que se comen si no el daño que hacen a las plantas cuando toda la bandada se tira a tierra». Por ello, ahora, una vez recolectado lo tienen que tener extendido al sol en un lugar seguro lejos del alcance de éstos pájaros, que se han convertido en una auténtica plaga para el campo mallorquín.

Filtrado

Una vez transcurridos los quince días al sol, el último paso será filtrarlas por la porgadora para quitarle las piedras y restos de rastrojos, y empaquetarlas. Después ya se pondrá a la venta, tanto en el Mercat Ecològic que se hace en la plaça dels Patins, en Palma como a través de venta directa.
Toni Sureda la cultiva en ecológico y «es muy diferente a la lenteja que viene de fuera. Tiene un sabor diferente», asegura. Para el momento de cocinarla, su recomendación es como se hacía antiguamente, un buen puchero de lentejas para poder comer tres días seguidos: el primer día sólo cocidas, el segundo con fideos y el tercero con arroz.

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