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Veinte años sin Ana Eva

La policía sigue sin cerrar el caso de la joven profesora palmesana desaparecida en 2001 y cuyo cuerpo nunca ha aparecido

La joven filóloga palmesana, que tenía 27 años cuando desapareció. | Alejandro Sepúlveda

| Palma |

Un 20 de octubre de 2001 Ana Eva Guasch Melis, profesora palmesana del colegio Santa Mónica, volvió a su piso de alquiler de la calle Aragón a las 5.30 horas de la madrugada. Había estado de fiesta, con sus amigas, y poco después alguien llamó a su puerta. La filóloga abrió y desde entonces nunca más se ha sabido de ella, a pesar de que la policía llevó a cabo una de las búsquedas más exhaustivas de la historia reciente en Mallorca.

«Mide 1,63 centímetros y pesa 49 kilos. Tiene ojos marrones y pelo castaño oscuro. El día de su desaparición vestía con falda negra, camiseta oscura sin mangas y zapatos de tacón o botas». Por las calles de Palma comenzaron a colgarse carteles con las características físicas de la joven, que por entonces tenía 27 años, y tras ser registrada su casa de alquiler, en un edificio del número 79 de la calle Aragón –que ya ha sido demolido–, se descubrió que faltaban tres efectos: una colcha, una lámpara de la mesita de noche y el ordenador de la profesora. La puerta, además, no había sido forzada, por lo que la filóloga tuvo que abrir a su agresor. Lo que implica que lo conocía.

Chapuza

En esa época el jefe superior de Policía era Eduardo Pérez Extremera y las primeras semanas de investigación fueron desastrosas. Un auténtico bochorno policial. Algunos mandos pensaban que se había marchado voluntariamente esa víspera de la festividad de las Vírgenes, y se perdió un tiempo vital para esclarecer su paradero. A medida que fue pasando el tiempo se descubrió que el principal sospechoso era un joven argentino llamado Rodrigo, que era su novio, aunque no todas sus amigas conocían esta relación.

Ana Eva, una chica vital, muy bien considerada en su colegio, llevaba un año viviendo en su casa de alquiler y había roto con su novio de antes. Atravesaba un buen momento personal y profesional, aunque la relación con el argentino era muy reciente y tampoco se había encargado de hacerla pública.

Imagen de la manifestación multitudinaria en la plaza de Cort para buscar a Ana Eva.

El sospechoso fue detenido en dos ocasiones, pero nunca se derrumbó. Era frío y muy calculador. El Grupo de Homicidios supo que él era el culpable cuando en una ocasión, en el piso de Ana Eva, él supuestamente encontró un trozo de una tarjeta con la que el intruso habría accedido a la casa. Esa placa no estaba allí cuando la policía examinó de forma milimétrica la casa, así que los agentes rastrearon su origen. Resultó que se trataba de una tarjeta de un vídeo club de la ciudad argentina del sospechoso. Había intentado confundir a los agentes, con la posibilidad de que un desconocido hubiera abierto la puerta mientras ella dormía, pero la jugada le salió mal.

Con todo, y pese a la desesperación policial, quedó libre y regresó a su país. Los familiares y amigas de Ana Eva siguieron luchando sin descanso para dar con ella y en febrero de 2003 se organizó una manifestación multitudinaria en la plaza de Cort, pidiendo que no se cerrara el caso. El daño, sin embargo, ya estaba hecho y el calamitoso inicio de la investigación policial condicionó todo el caso. Ahora, 20 años después, la Jefatura de la Policía, con mandos nuevos y protocolos más profesionales, no descarta que las nuevas tecnologías resuelvan el gran enigma. Algún día.

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