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Parricidio en Inca

«Miguel quería con locura al niño y no entendemos nada de lo que ha pasado»

En la imagen aparece al pequeño Miguel, junto a su padre y su madre, en una imagen de la Nochevieja de 2010.

| Inca |

«Miguel quería con locura al niño y no podemos entender nada de lo que ha hecho. Estaba jubilado y era el que se encargaba de llevar al pequeño al colegio, siempre estaba con él y jugaban juntos. Jamás nadie le vio gritarle ni ponerle una mano encima. No entendemos nada. Es una desgracia y toda la ciudad está conmocionada», afirmaba una de las vecinas y amiga personal de la familia.

Nada más conocerse la trágica noticia más de un centenar de personas se lanzaron a la calle. La antigua cuesta del Dos de Mayo, como es conocida popularmente entre los inqueses la vía donde se produjeron los hechos, tuvo que ser cortada y tan sólo se permitía el paso a los familiares y equipos de emergencia actuantes.

Los problemas existentes entre la pareja eran evidentes y los vecinos más próximos así lo relataban.
«Llegaron hace unos cuatro años procedentes de Lloseta y se afincaron aquí. No tenemos nada malo que decir de ellos porque nunca habían protagonizado ningún altercado o más mínimo incidente. Era un familia muy normal», concluye otra vecina.

Sobre las cinco de la tarde, nada más conocerse la noticia, más de 25 familiares se concentraban en las puertas del número 77 de la calle Muntanyeta. En esos momentos, también hacían acto de presencia la regidora de Policía Local de Inca, Margalida Horrach y el alcalde de la ciudad, Rafel Torres.

Acto seguido, entre lágrimas y llantos, los ánimos se caldearon y se vivieron los primeros momentos de tensión. Familiares de ambas partes se enzarzaron en insultos e incluso algunos de ellos trataron de agredir a los otros. Rápidamente, agentes de la Policía Local de Inca y de la Guardia Civil tomaron posiciones y separaron a los implicados.
Al parecer y, según el testimonio de personas muy próximas a la pareja, la situación sentimental se había visto deteriorada en los últimos meses.

Isabel Subirés había estado casada anteriormente con un hermano de Miguel Hidalgo, el presunto asesino. Años más tarde, abandonó a su primer marido e inició una relación sentimental con su cuñado.
La diferencia de edad de la pareja era evidente. Miguel Hidalgo tenía 65 años e Isabel unos 40 años.
Algunos amigos de la familia que prefieren mantener su anonimato para evitar enfrentamientos con la familia explicaron: «A veces venían a casa todos juntos, pero últimamente él ya no venía y tan sólo venían Isabel y el niño. Ellos eran muy reservados y prudentes. No comentaban nada, pero todos los amigos éramos conscientes de que el matrimonio no funcionaba», concluyen.
Ayer, a pie de calle, todo el mundo comentaba que ella quería abandonarlo y Miguel no lo pudo soportar.

Gran dolor

Rafel Torres, alcalde de Inca, visiblemente afectado, comentó: «En estos momentos de gran dolor y conmoción quiero en nombre de todos los inquenses transmitir nuestro más sentido pésame a los familiares y ofrecerles todo nuestro apoyo y ayuda. No hay palabras para describir lo sucedido. La ciudad está rota de dolor. El matrimonio llevaban unos cuatro años en Inca y no les conocía personalmente, pero eso no importa. Una desgracia como esta es un drama para una ciudad», concluye el primer edil.

Cuando pasaban unos minutos de las ocho de la tarde, un amplio cordón policial protegía el coche fúnebre donde se cargaban los cuerpos sin vida del padre y del niño. En ese momento, los familiares explotaron de dolor y se vivieron escenas dramáticas. Fruto del nerviosismo, algunos familiares perdieron los nervios e intentaron agredir a varias cámaras de televisión desplazadas hasta el lugar. La efectiva actuación de la Guardia Civil y de la Policía Local evitó males mayores. Inca, ayer se tiñó de negro y sus ciudadanos lloraron la pérdida de dos de sus vecinos.

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