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Viaje a otra época en el Rívoli de la mano de Jaime Chávarri y ‘Bearn’

El Club Ultima Hora-Valores conmemoró este jueves en la sala palmesana el 40 aniversario del estreno de este filme rodado en la Isla

Vídeo resumen del acto celebrado este jueves en el Rívoli de la mano de Jaime Chávarri y ‘Bearn’. | Youtube Ultima Hora

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Viajar en el tiempo es posible y lo hacemos sin parar, pero en una sola dirección: hacia delante. Lo difícil es ir hacia atrás. No han sido pocas las veces que los que saben, ya sean físicos o filósofos, se han preguntado si se puede volver al pasado, y normalmente –si dejamos a un lado las problemáticas científicas cuánticas y de la relatividad– la respuesta es siempre la misma: no. Quizá, no obstante, miran en el lado equivocado, porque este jueves en la Sala Rívoli de Palma se viajó al pasado y por partida doble. Y no hubo ni complicadas máquinas llenas de botones ni brillantes DeLoreans, simplemente un proyector de cine e imaginación. Jaime Chávarri fue uno de los responsables de dicho trayecto, ya que el autor de Bearn o La sala de las muñecas, cinta que marcó un antes y un después en Bunyola, estuvo presente en el acto conmemorativo con el que el Club Ultima Hora-Valores, en colaboración con la Associació Turisme Bunyola 365, el Ajuntament de Bunyola y Jardines de Alfabia, celebró el 40 aniversario de la película.

El propio Chávarri contó a este diario lo «simbólico» que era el proyectar la cinta en un cine en lugar del emplazamiento pensado originalmente, los Jardines de Alfabia, localización del filme. La meteorología quiso trastocar los planes, pero no aguó la fiesta ya que el Rívoli sirvió como escenario de excepción y particular puente temporal para unir la Mallorca de 2023 con la Raixa de 1983 a través de Bearn, la adaptación fílmica de la novela de Llorenç Villalonga.

Así pues, los asistentes al Rívoli disfrutaron por una noche de la compañía nada desdeñable de primeras espadas de la historia del cine español como Fernando Rey o Amparo Soler Leal, dos de los actores protagonistas de la cinta. El primero de ellos, concretamente, inmortalizó a Don Antonio, el inconfundible señor de Bearn, y fue una auténtica estrella de primer nivel en su época y como tal acudió a Mallorca en los 80 para rodar el filme y revolucionar Bunyola con su sola presencia. A ellos se sumaron unos jovencísimos Imanol Arias, en su primer papel importante, y ÁngelaMolina, que se metió en la piel de Xima.

Proyección

Tras la proyección, y regresando a la actualidad, fue Carmen Serra, presidenta del Grup Serra, la primera en hablar para detallar precisamente la «vuelta al pasado» que supuso Bearn y agradeció a la familia Salom que abrieran «las puertas del Rívoli» tras el cambio de ubicación por la lluvia, y a la familia Zaforteza, propietarios de Jardines de Alfabia, su implicación. Le siguió Guillem Mateu, de la Associació Turisme Bunyola 365, que en su parlamento agradeció también a Chávarri el «adelantarse a nosotros al poner al pueblo en un escaparate» como es Bearn y «todo lo que ha hecho por Bunyola, lo cual es un orgullo para nosotros».

Tras ellos, fueron Iván Ros, que hizo las veces de maestro de ceremonias, y el propio Chávarri quienes subieron al escenario para mantener un coloquio y contestar a las preguntas de un público compuesto, mayoritariamente por bunyolins que participaron en el rodaje hace 40 años o sus familiares. Y es que, como decimos, el de ayer fue un viaje en el tiempo para muchos que se volvieron a ver a sí mismos en pantalla grande con la emoción que ello conllevó, como el caso de Manuel Barceló, actor de la cinta que se abrazó a Chávarri al verse.

También fue un viaje para el cineasta que no solo regresó a cuando se puso detrás de las cámaras en Mallorca, lo cual describió como «uno de los grandes recuerdos de mi vida», sino que se ponía delante de su película por primera vez en 40 años ya que «no la he visto», reconoció.

Y si Ros fue quien rompió el hielo señalando que la película le «gustó mucho», Chávarri recogió el guante y secundó la opinión: «Hay cosas que no me han gustado, pero las que sí me gustan muchísimo», destacó el director. Añadió, a su vez, que uno de los mejores elementos del filme fue «el cariño que desprende a todo lo mallorquín», algo que no es del todo ajeno a Chávarri, que es descendiente de Antonio Maura, como él mismo quiso recordar.

Por otro lado, el madrileño también comentó «el desafío que era adaptar la novela de Villalonga porque no resuelve nada y se esfuerza en no aclarar sus misterios» con «mil intrigas e insinuaciones» que revolotean alrededor de los personajes principales y sus relaciones, las cuales «se cuentan a través de una historia que no se narra». Sobre esto, de hecho, Chávarri relató una divertida anécdota con Maria Teresa Gelabert, viuda de Villalonga: «A él no le conocí, pero sí a ella y era una mujer absolutamente encantadora con mucha curiosidad por ver dónde acababan los cables del rodaje» y que, en una ocasión, le preguntó: «‘¿Cómo piensas acabar la película porque mi marido no supo acabarla?’, a lo que respondí: pues como su marido, dejándolo todo en el aire».

También destacó favorablemente la «sensualidad de Ángela Molina» en el filme, pareciéndose a una fuerza de la naturaleza desbocada y «alocada» capaz de cautivar no solo a la cámara, sino a todos los que allí estaban presentes en el rodaje, y que Chávarri describió como «un sexo callado flotante» que se entrelee en las «miradas de los personajes».

Finalmente, el cineasta cerró el coloquio señalando que se siente «un privilegiado por haber podido adaptar la novela de Villalonga al cine» y concluyó este particular viaje al pasado con una reflexión no sobre lo pretendido por el escritor en su libro y conseguido en la cinta con un final abierto y simbólico: «Son las dos caras de la verdad, lo que hay debajo de la aparentemente tranquila y contemplativa vida de Bearn, porque lo que hay debajo nunca lo sabremos».

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