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El eterno debate de los cruceros en Palma

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La llegada de cruceros a Ciutat es un asunto que siempre ha generado un debate en el que confluyen aspectos económicos, de sostenibilidad y masificación. En mayo de 2022, el anterior Govern alcanzó un acuerdo con la asociación comercial de líneas de cruceros (CLIA) para regular la llegada de buques al puerto de Palma y, salvo excepciones, se fijó un tope de tres escalas diarias. Con el cambio de color político en el Consolat, las normas del juego pueden cambiar.

Planificación a largo plazo.

De momento, la Conselleria de Turisme ya ha trasladado a la Autoritat Portuària de Balears (APB) su intención de mantener la actual regulación hasta 2024, aunque la idea del nuevo equipo de Turisme pasa por plantear a CLIA un nuevo escenario. La patronal, como no podía ser de otra manera, ya ha manifestado su predisposición a escuchar al Govern. Un aspecto a tener en cuenta es que las navieras diseñan sus calendarios y rutas a largo plazo. Eso significa que cualquier modificación de la regulación actual tendría un efecto tangible unos 20 meses después.

El mismo número de escalas.

Aunque nunca llueve a gusto de todos, las estadísticas revelan que el puerto de Palma registrará durante este año un número de escalas (530) prácticamente idéntico al de 2019 (538), cuando no existía ningún tipo de acuerdo entre el Govern y CLIA. De hecho, lo único que ha cambiado en Ciutat es que llegan un máximo de tres cruceros al día, pero el número absoluto de escalas es el de antaño. Sólo se redujo en 2022 (505). En principio, bajo esta fórmula se evita la masificación de los cruceristas en el centro de la ciudad, una circunstancia que había generado problemas de todo tipo. Cabe recordar que el puerto de Palma llegó a concentrar en una sola jornada hasta siete cruceros.

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