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La inflación pasa factura al Dijous bo, pero no a todos

El lloc de Can Caravinya de Ciutadella debuta este año en el Dijous Bo con sus quesos de Menorca. | Lola Olmo

| Inca |

El Dijous Bo es una cita ineludible para muchos de los vendedores que recorren los mercados y ferias de Mallorca con su puestos. «No es la feria donde más se vende, porque con tanta gente y tantos puestos es difícil, pero se hacen muchos contactos para ventas futuras, es un gran escaparate para los productos que vendemos».

Es una valoración con la que coinciden muchos de los vendedores que este jueves han llenado kilómetros de calles con sus puestos de todo tipo productos, entre ellos artesanía, sobrasadas y embutidos, quesos, joyería, y sobre todo, muchos puestos de comidas y bebidas, los mesones ambulantes que llegan de fuera con sus grandes estructuras de mesas y bancos. Todos estos se han ido llenando a partir del mediodía, cuando también ya era imposible encontrar una mesa vacía en cualquier bar del extenso recinto ferial, pues en coche o en tren, miles de mallorquines han visitado el Dijous Bo de Inca.

La idea general que han apuntado los vendedores es que el Dijous Bo sigue atrayendo a un numeroso público, pero las ventas de artículos y productos ha bajado respecto a antaño, exceptuando años de crisis. La inflación y la subida de las hipotecas pasa factura a la feria más multitudinaria de Mallorca, aunque «quien viene con dinero se lo gasta en comer y beber, esto nunca falla», señalaban otros.

Una de las sugerencias recabadas en el Dijous Bo este año es que «habría que pedir que todos los puestos tengan sus precios a la vista, porque algunos son muy abusivos y a la hora de pagar, resulta que el queso o los embutidos iban a 90 euros el kilo; eso frustra a la gente y luego ya no se fijan en ningún otro puesto», lamentaba una vendedora.

Algunas críticas han apuntado a la caracterización del mercado payés, porque «solo se refleja en la indumentaria, pero luego en los puestos se vende cualquier cosa, sin criterio selectivo», señala uno de los puestos de artesanía participantes. Este año los precios para los vendedores se situaban en torno a los 16 euros el metro, algo que muchos agradecen porque «si los puestos son muy caros no hay ganancia».

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