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Evitar el chantaje

| Palma |

Si hace tres años nos hubieran dicho que el Gobierno de la nación iba a asumir el relato y el argumentario de los secesionistas, iba a tomar decisiones legales aberrantes con tal de formar una alianza estable con ellos, que se indultaría a los sediciosos, que la integridad del Estado iba a quedar desprotegida porque se modificó el Código Penal al gusto de aquellos, aunque siguen afirmando que lo volverán a hacer, no lo hubiéramos creído. Ahora, el presidente del Gobierno nos anuncia que no bastan los indultos, que hay que amnistiar a los delincuentes para que alcance al xenófobo fugitivo y a sus adláteres, justificándolo porque en la resolución de los conflictos políticos no debe entrar la Justicia, y, por tanto, todo lo que se hizo fue un error. Nos tenemos que frotar los ojos para comprobarlo.

Y eso para poder empezar a fijar la fecha del referéndum de autodeterminación -el cual se realizará como todo lo demás, aunque lo vistan de lagarterana-, que no solo es imposible con la Constitución en la mano, tampoco existe estado en el mundo que contemple su propia destrucción ni norma internacional, salvo en casos de colonialismo, que apoye tal dislate. Ahora ya todos sabemos que lo que hace unos meses el Gobierno, con su presidente al frente, consideraba imposible, hoy es la solución del conflicto territorial y todo lo que han venido haciendo hasta ahora el Rey y los sucesivos gobiernos ha sido poco menos que propio de una dictadura. El chantaje al que está sometido sube de precio cada día, como el aceite de oliva, con la deuda histórica millonaria que se sacan de la manga y otros voluminosos descubiertos, porque sus socios saben que Sánchez cederá en todo con tal de que le den los votos necesarios para permanecer en La Moncloa.

Con el pacto de la infamia sellado la única solución para zafarle del chantaje al que Sánchez está sometido y evitar la demolición de la CE78, es que Feijóo, en un gesto patriótico, le ofreciera los votos que necesita para conseguir su investidura. Creo que no los aceptaría: ha basado su política nihilista en el desprecio más absoluto de la derecha y tiene un proyecto de involución y de destrucción de España. Es a la vez cómplice y promotor del desastre.

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