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El motor en Mallorca

Un capricho

José Luis con su Citroën del año 82. | Pere Bota

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José Luis Almazán es mecánico de profesión y, como a muchos otros del gremio, le encantan los vehículos a motor. En sus inicios nos cuenta que empezó con el gusanillo de las motos, como tantos otros, y durante años ha restaurado diversos modelos, de los cuales hablaremos más adelante, pues ahora nos centraremos en un capricho que tuvo un día. Le apetecía tener un coche clásico, pero no un americano, sino uno de esos que muchos que ya pintan canas han visto recorrer las carreteras de la Isla y de la Península. Por eso se decidió por comprar un Citroën 2CV6 CT de 1982. Y se puso manos a la obra y a través de las nuevas tecnologías, internet, logró encontrar uno en Murcia.

Después de hacer las gestiones necesarias con el propietario decidió ir a buscarlo. Pero había un problema. El coche estaba en tan mal estado que no funcionaba y por ello pidió al propietario que lo llevara en una grúa hasta Alicante, allí cerraron el trato y en la misma grúa siguió camino hasta Denia, donde lo subió al barco como pudo y lo trasladó hasta Palma. Corría el año 2015.

Nos cuenta José Luis que el vehículo estaba hecho un completo desastre. Tenía mucho por hacer si quería devolverlo a la vida. Pero como su trabajo se lo permitía empezó, sin prisas pero sin pausa, la restauración. Un rato de aquí y otro de allá, y algunos fines de semana, fueron suficientes para que el coche fuera tomando cuerpo. Todo el trabajo lo hizo él, salvo la pintura, aunque todos los preparativos que hay que efectuar en la carrocería antes de llevar un coche al pintor, también los realizó él mismo.

Los trabajos de restauración duraron cerca de un año y José Luis recuerda cada día que le dedicó a su 2CV. Medio en broma nos comentaba que no esperaba que le iba a llevar tanto tiempo, pero estas cosas hay que hacerlas bien o no hacerlas. Ahora sabe realmente el trabajo que lleva una restauración si lo quieres hacer como Dios manda. De momento no se plantea otro trabajo similar a este, aunque reconoce que si tuviera que hacerlo le gustaría que fuera un escarabajo, un coche que le encanta y que considera que ha sido uno de los grandes iconos de la automoción.

Superado el esfuerzo de la restauración, José Luis ahora disfruta de su coche y le encanta salir con sus amigos y compañeros del Club del 2CV, con los que comparte la afición por los coches. Además, es una forma de mantenimiento del vehículo y de que siga la maquinaria engrasada, ya que no hablamos de un motor complicado, por lo que sólo hay que retocarlo de vez en cuando para que ruede a las mil maravillas.

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