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Guerra en el PP

Casado, de tercera vía que evitó una guerra fratricida a inmolar el partido

Pablo Casado ha sido presidente del Partido Popular. | Efe

| Palma |

Pablo Casado (Palencia, 1981) ha pasado de ser la tercera vía que evitó que el PP entrase en una guerra fratricida, al evitar la lucha directa entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, a inmolar al partido. Así se puede resumir la trayectoria política de un joven que acariciaba la idea de ser presidente del Gobierno de España y se ha visto obligado a dimitir a consecuencia de la presión que han ejercido desde su propio partido.

Casado era considerado por muchos como el guardián de las esencias del Partido Popular, ya que Casado creció políticamente bajo las alas de José María Aznar y Esperanza Aguirre, aunque fue Mariano Rajoy el que le dio mayor protagonismo al convertirlo en vicesecretario de Comunicación del partido. El hasta ahora presidente del PP se ha movido en las dos corrientes del partido, motivo por el que muchos lo han acusado de dar bandazos y carecer de una estrategia política clara.

Licenciado en derecho, mientras trabajaba completó su formación y logró el grado de Administración y Dirección de Empresas, así como varios posgrados. No obstante, el más conocido de todos fue el Máster en Derecho Autonómico y Local, por el que llegó a reconocer que no había ido a clase. El Tribunal Supremo decidió no investigar al líder del PP por los delitos de prevaricación y cohecho y sólo mantuvo imputada a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.

Se afilió al PP en 2003,​ cuando aún era un estudiante, pero se implicó tanto en el partido que fue presidente de su organización juvenil (NNGG) en la Comunidad de Madrid entre 2005 y 2013. En 2017 fue elegido diputado en la Asamblea de Madrid y en 2009 renunció, cuando pasó a ser director de gabinete del expresidente del Gobierno José María Aznar. En 2011 dio el salto a la política nacional, ya que fue elegido diputado por Ávila, escaño que renovó en las elecciones de 2015 y 2016. En 2015 Rajoy confió en Casado para mejorar la imagen del partido, darle un aire más moderado y joven, con la finalidad de captar a nuevos votantes. Lo nombró portavoz del comité de campaña para las elecciones municipales y autonómicas celebradas ese mismo año y vicesecretario general de comunicación por el presidente nacional.

Casado había demostrado que es un hombre de partido y no dudó en dar la cara por él cuando el PP sufrió sus peores momentos por los casos de corrupción. Además, pese a que el 'marianismo' apostó por él, supo mantener las simpatías en el 'aznarismo'. Cuando Rajoy decidió abandonar la presidencia del PP tras la moción de censura que ganó el socialista Pedro Sánchez, Casado salió al 'rescate' del partido cuando el gallego Alberto Núñez Feijoo -considerado el sustituto natural- decidió no hacerlo.

Los aznaristas vieron la posibilidad de volver al que habían dejado de considerar su partido y personas tan destacadas como Aznar o Esperanza Aguirre no ocultaron sus preferencias por Casado, frente a las otras dos candidatas: María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Además de como el guardián de las esencias del PP, muchos veían a Casado como la opción intermedia entre ambas que permitía no romper el partido. Finalmente, los militantes se decantaron mayoritariamente por Santamaría o Casado. Como era de esperar, Cospedal dio su apoyo al primero. Finalmente, Casado ganó el Congreso del PP y pasó a ser presidente del partido con el 57 %​ de los votos de los compromisarios.

Con muy poco tiempo, solo nueve meses al frente del PP, Casado tuvo que presentarse a unas elecciones generales el pasado 28 de abril; seguidas de unas municipales, autonómicas y europeas, el 26 de mayo. El nuevo líder del PP llegó agotado a su cita con las urnas y se notó en la campaña, donde cometió errores garrafales, como decir que no bajaría el salario mínimo -aunque inmediatamente lo negó- o abrir la puerta a la entrada de Vox en un futuro Gobierno. Los vientos soplaban totalmente en contra para el PP, que vio como parte de su electorado se decantaba por Vox o Ciudadanos. De este modo, el pasado 28 de abril los populares sufrieron una auténtica debacle y lograron solo 66 diputados, 71 menos que en los comicios celebrados en 2016.

Sin embargo, Casado pudo tomar aire con las elecciones autonómicas y municipales, que pese a depararle manos resultados, gracias a los pactos con Vox y Ciudadanos pudo mantener el gobierno de la Comunidad de Madrid y recuperar el Ayuntamiento de la Capital. El líder del PP tuvo una nueva oportunidad, pero Sánchez volvió a ganar los comicios. Tras el adelanto de las elecciones en la Comunidad de Madrid, el pasado 4 de mayo, Casado volvió a coger alas, precisamente gracias a su actual enemiga política, ya que Ayuso arrasó en Madrid. Sin embargo, poco duró el amor entre ambos, ya que la presidenta madrileña comenzó a hacerles sombra al líder del partido. El resultado de la guerra fratricida entre ambos ya es conocido.

Desde entonces, Casado ha cometido errores muy graves y ha dado muchos bandazos a la hora de hacer oposición: lo mismo ha hecho discursos de un hombre de estado (en la moción de censura que presentó Vox) que totalmente radicales, más propios del partido que lidera Santiago Abascal. Otros de sus fallos han sido pretender dar a entender un mal uso de los fondos europeos, que le ha costado una reprimenda de la propia Unión Europea, o no apoyar la reforma laboral -pactada con la patronal y los sindicatos y necesaria para recibir las ayudas europeas-, que mantenía un 90 % de la aprobada por el PP.

Precisamente, con la votación de la reforma laboral llegaron los días horribilis para Casado, ya que salió adelante porque un diputado del PP -Alberto Casero- se equivocó al votar y la apoyó; los dos diputados de UPN rompieron la disciplina de voto. Posteriormente, el PP no logró los resultados esperados en las elecciones anticipadas de Castilla y León y sólo unos días después saltó a la luz el caso de espionaje que se ha saldado con la dimisión de Casado, que será el segundo presidente que menos tiempo ha estado en el cargo. El que menos duró fue Antonio Hernández Mancha, que estuvo dos años; Casado estará tres y medio; mientras que José María Aznar lo presidió durante 13 años y Mariano Rajoy durante 14 años.

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