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El tabú de la muerte antes de la vida

Un aborto es una pérdida y los duelos duelen y hay que pasarlos, así los aconsejan las profesionales que hacen acompañamientos

En el Espai de Criança se elaboran las cajas de recuerdos. | Jaume Morey

| Palma |

Hay una actitud frente la vida que consiste en cerrar los ojos cuando algo malo pasa. Negarlo. Obviarlo. La opción es recurrente pero es la peor de todas. En una sociedad que avanza en humanización sanitaria, en la autonomía de los cuidados, en el empoderamiento del paciente… sigue habiendo un tabú que, como el elefante dentro de la habitación, cuanto más se ignora más daño puede provocar. A veces la muerte llega antes que la vida, y hay que decirlo más porque, pese a que todo el mundo puede conocer algún caso, muy pocos saben todavía cómo enfrentarse a ello.

Iria Sanz algo ha aprendido. Es psicóloga general sanitaria perinatal y, además, fundadora de Estels del Cel, un grupo de apoyo a duelo gestacional, gratuito y altruista que nació de su experiencia y del que siempre está dispuesta a hablar, más ahora ya que ayer fue el Día Internacional de las Pérdidas Gestacionales y Neonatales. «En mi tercer embarazo, con una ecografía de rutina, descubrieron que el bebé estaba sin latido», explica. Hasta el momento «había hecho formaciones pero en ninguna se mencionaba la muerte intraútero, no sabía ni que existía», añade. Con el tiempo descubrió que la terapia grupal sería su aliada. «El poder del relato, la escucha, es sanador. Es importante que te validen, encontrarte en las palabras de otro…», explica ahora. Como en su momento todas las opciones eran de pago, lanzó su propia propuesta gratuita.

A día de hoy, denuncia, «la reacción del entorno es invalidante» y el efecto se multiplica, advierte, si se produce en las primeras semanas de gestación. «Te dicen: eran cuatro células, total ya tienes hijos, todavía eres joven… Confórmate». Pero las pérdidas duelen, sin importar el número de semanas. Las parejas que pasan por este trance generalmente esperan a que se les pregunte cómo están. «Hay que quedarse para escuchar la respuesta, hay que permitir que expresen lo que necesiten, y el interés debe ser repetido. No preguntar genera más dolor, escuchar sin juzgar aporta consuelo», señala la experta.

Los duelos duelen. «Hay que darse permiso para estar en paz, triste, enfadada, toda esta montaña rusa hay que pasarla», insiste Iria Sanz, quien pide tiempo, porque «no es necesario pasar página y terminar entrando en un conflicto consigo mismo». Se calcula que uno de cada cuatro embarazos no llegan a término pero también se sabe que es una cifra muy inferior a la real. A pesar de las estadísticas, los hospitales trabajan en ello pero hoy en día no todos están preparados.

Son Espases

Isabel Sampedro es la supervisora de enfermería de la Unidad de hospitalización de Obstetricia de Son Espases. También es una de las responsables de que las mujeres que sufrían un aborto pasaran de ingresar de la planta de Oncología a la de Maternidad, «hicimos una reflexión: toda la plantilla de la unidad éramos matronas y era lugar más adecuado para ellas», indica. «Aunque parece más hostil porque hay bebés, es la ubicación que les pertenece como madres y donde están los profesionales especializados en la materia», añade.

En sus puertas, más alejadas, se les pone un distintivo con una mariposa azul. Forma parte del protocolo elaborado para que quien entre, lo haga con sensibilidad, y además incluye formación en cuidados a la madre y en el lenguaje. Por ejemplo, «nos presentamos, preguntamos el nombre del bebé, porque tiene una identidad... Da igual si es de ocho semanas de gestación o a finales del embarazo», explica Sampedro. La especialista asegura que «no consolamos sino que acompañamos, reconocemos y entendemos  qué es lo que les sucede, que es de lo más tremendo que le puede pasar a una familia. Estamos allí para lo que necesiten. Damos espacios a los silencios», relata. Además, «explicamos lo que ha pasado, lo que viene ahora, les ponemos en situación…». En el hospital de referencia ven entre tres y cinco muertes fetales intraútero al año.

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