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Dos voluntarias en Managua para trabajar con la religiosa Esperanza Garau

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Yamileth sonríe. Tiene 9 años, no tiene un padre reconocido, no va al colegio, come sólo una vez al día y vive bajo unos plásticos soportados con cuatro palos. Dentro, comparte cama con su madre, sus tres hermanastros y el amante de su madre. Vive en Bello Amanecer, un barrio en el extrarradio de Managua (Nicaragua), que sólo tiene bonito el nombre. No hay aceras, ni alcantarillado. Sólo polvo, mucho polvo, y 30.000 personas que intentan sobrevivir a diario. No existe el futuro. Yamileth, como centenares de niños de Bello, no puede ir al colegio porque cuida de sus hermanos pequeños. Su madre vende plátanos y no regresa a la chabola hasta la noche. Pero sonríe.

Cada día, antes de dar las 12 del mediodía, sale corriendo de su «casa» y acude con su hermano Pancho, de seis años, al colegio Nuestra Señora de Guadalupe, donde comen arroz y frijoles con 70 niños más. Es el Centro de Nutrición de las Hermanas Misioneras en Cristo Obrero (AMICO), que llevan trabajando en Nicaragua 30 años, ayudando a los más pobres con escasos recursos y que tiene en la religiosa mallorquina Esperanza Garau el mejor baluarte de un presente esperanzador. Mercedes Azagra, redactora de Ultima Hora, y Maria Jesús Bonafé, residentes en Mallorca, viajaron el año pasado a Managua como voluntarias de la ONG Ensenyants Solidaris y con un proyecto de formación infantil y juvenil, avalado por el Ajuntament de Palma.

Bello Amanecer está lleno de niños que viven casi con lo puesto. Más de la mitad están sin escolarizar y terminan convirtiéndose en pandilleros, jóvenes violentos que aterran a los vecinos y que impedían salir a las cooperantes del colegio desde el atardecer. Machetes y alcohol se unen en verdaderas masacres, los pandilleros matan y roban a diario, nadie se atreve a entrar al barrio, ni siquiera la policía. Ni un supermercado, ni un café, nada. Bello, con una tasa de paro que supera el 80 por ciento, mantiene la esperanza gracias al encomiable trabajo que realizan las Hermanas Amico. En medio de este desierto considerado «de alerta roja» por la alcaldía de Managua, las cooperantes trabajaron con las religiosas alfabetizando a adultos, a pequeños sin escolarizar y dando clases de Lengua y Literatura en Secundaria.

Gracias al Ajuntament de Palma y a Ensenyants Solidaris, el colegio dispone desde hace un año de 27 pizarras acrílicas que sustituyen a trozos de cemento colocados en la pared cuya escritura era ínfima; un huerto que en el futuro autoabastecerá el comedor (con frijoles, pimientos, maíz, etc.), nuevo mobiliario para Preescolar (carecen de ventanas y el agua y el polvo estropeaban los pocos útiles de enseñanza) y nuevos hábitos higiénicos, gracias a la campaña de limpieza dental, obligada para los 70 pequeños del comedor. Se compraron dos pilas de cemento, cepillos y pasta. «La ayuda es tremendamente necesaria porque aquí falta de todo. Hay decenas de niñas maltratadas, niños enfermos que carecen de medicinas, llegan al colegio y muchos se desmayan porque vienen sin comer», afirma Esperanza Garau, superiora general de la Congregación y religiosa que lleva trabajando en Centroamérica casi 30 años.

Las religiosas trabajan desde el amanecer hasta que se va el sol. Son cinco, la mayor, de 34 años, sor Azucena, directora del colegio. Han asaltado en varias ocasiones su casa -viven en pleno barrio- y hace unos días sufrieron el robo de todo lo que tenían en el comedor. Las cooperantes vivían en el colegio, en una casita con techo de zinc, con un dóberman y dos guardas nocturnos. «La inseguridad es terrible y el único modo de apartar a los niños de la calle es por medio de la educación», añade sor Esperanza. AMICO trabaja ahora en dos ambiciosos proyectos: la construcción de dos nuevos módulos en la escuela de Cristo Obrero, en Managua, y la apertura de un centro para niñas maltratadas y huérfanas en Diriomo, a 40 kilómetros de la capital, con un coste que ronda los 18 millones de pesetas.

Ayuda
Sor Esperanza Garau hace un llamamiento a la solidaridad de los mallorquines para que este año puedan comenzar las obras del centro para niñas maltratadas, ayuda que alejará de las calles a niñas sin recursos y les permitirá tener un futuro. Las aportaciones pueden realizarse en la cuenta Caja de Ahorros del Mediterráneo. Entidad 2090 Oficina 0328. DC 41. Número de cuenta 00002473-85.

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