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Al Athletic le bastan diez minutos para meter en un lío al Zaragoza

El centrocampista del Athletic Carlos Gurpegui (i) y el centrocampista portugués del Zargoza Hélder Manuel Marques Postiga (d) luchan por el balón. | Efe

| Zaragoza, España |

Zaragoza 1 - 2 Athletic

Real Zaragoza: Roberto; José Fernández, Sapunaru, Álvaro, Abraham; Pinter, Apoño; Víctor Rodríguez (Bienvenu, min.76), Rodri (Rochina, min.57), Montañés (Movilla, min.68); y Postiga.

Athletic Club: Iraizoz; Ramalho (Castillo, min.72), Gurpegui, San José, Aurtentxe (Ibai, min.46); Susaeta, Iturraspe, De Marcos, Muniain; Ánder Herrera y Aduriz (Llorente, min.46).

Goles: 1-0. Min.14, Postiga; 1-1. Min.80, Llorente; 1-2. Min.91, Ibai.

Árbitro: Del Cerro Grande. Amonestó con cartulina amarilla por el Real Zaragoza a Sapunaru, Álvaro, Pintér, Bienvenu y Apoño y por el Athletic Club a De Marcos, Llorente.

Al Athletic Club le bastaron poco más de diez minutos de inspiración, a la vez que de indolencia del Real Zaragoza, para asegurarse matemáticamente la permanencia y meter en un lío de dimensiones considerables al equipo aragonés, que vuelve a los puestos de descenso y pasa a depender de otros para lograr la permanencia.

Zaragocistas y bilbaínos saltaron al terreno de juego sabiendo que su rival directo por la permanencia, el Deportivo, había derrotado al Espanyol lo que dejaba a los maños en puestos de descenso y a los bilbaínos con la necesidad de sumar para poder respirar por fin tranquilos.

Los dos equipos tuvieron muchos problemas para distribuir el balón con criterio, en un partido que comenzaron con más intensidad que ideas para tratar de superar al adversario.

Los rojiblancos intentaban controlar más el balón que su rival y sobre todo buscando sorprender entre líneas a la defensa zaragocista, a la que también le buscaban la espalda pero sin efectividad porque sus atacantes se quedaban enganchados en el fuera de juego.

Los zaragocistas todavía tenían más problemas para llegar hasta las inmediaciones del área de Iraizoz, hasta que una buena conexión de Apoño en el centro del campo con Montañés le permitió centrar un balón que encontró la cabeza de Postiga para adelantarse en el marcador.

Los hombres de Manolo Jiménez no tenían la inspiración que habían mostrado en sus dos anteriores comparecencias ante su público, sobre todo a la hora mover con peligro el balón, pero aún así dispusieron de hasta tres ocasiones claras para irse al descanso con una ventaja todavía más cómoda.

Los bilbaínos no terminaban de enlazar sus jugadas e incluso cometían algunos errores en sus controles que propiciaron alguna de las ocasiones mañas que sin embargo no supieron resolver favorablemente.

En la última acción del primer tiempo los rojiblancos volvieron a superar por la espalda a los defensores blanquillos y el remate anulado de cabeza de De Marcos se fue al fondo de las mallas, con el consiguiente susto para la abarrotada grada de La Romareda.

Tras el descanso, el partido entró en una fase absolutamente anodina en la que salvo un remate de Postiga a los cinco minutos, las únicas acciones de peligro llegaban en centros a balón parado. A los diez minutos Ibai lanzó fuera una falta ajustada y al cuarto de hora fue el recién entrado Rochina el que botó una falta muy cerrada que en un intento de despeje Iraizoz estrelló en el larguero.

Como el resultado le valía a los maños empezaron a ceder metros en el terreno de juego a su adversario que empezó a irse hacia arriba casi sin querer. Fue su perdición.

Con un incisivo Llorente arriba y creando peligro por las bandas a los blanquillos les faltó contundencia para alejar un balón que ya había sacado como había podido Roberto y el delantero riojano terminó mandando el balón al fondo de las mallas.

A falta de diez minutos los maños trataron de irse para arriba en busca de una victoria que habían dado por segura durante demasiados minutos terminaron viendo como incluso se les esfumaba el empate en una acción brillante de De Marcos hasta la línea de fondo que culminó de espuela Ibai. Una corriente de aire muy fría recorrió el estadio maño que veía a su equipo, ahora a falta de dos jornadas, otra vez hundido en los puestos de descenso.

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