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David Oliver: «La solidaridad entre la gente del mar ha sido siempre notable»

David Oliver | Jaume Morey

| Palma |

Los dos abuelos de Bartomeu Vera Mas vivían en el Jonquet. Y ambos fueron pescadores con barca propia. El patrón Mas llevaba hombres a bordo. El patrón Vera, un niño que le hacía de remero. Vicenç Vera, el padre de Bartomeu Vera, marchó a Cuba con catorce años (1906) a pescar la esponja. Regresó en 1913 con 35.000 pesetas, lo que suponía una pequeña fortuna. Tanto es así, que tras él emigraron su padre y ocho de sus diez hermanos. Entre todos amasaron fortuna y, ya de vuelta a Mallorca, crearon su propia flota pesquera, fondeada en el Port de Andratx. Disponían de una "barca de cabotatge" y de seis "barques de bou", al margen de otros negocios como un cine, una aserradora, etcétera. El pare de Bartomeu Vera, Vicenç Vera, no sabía leer ni escribir. Pero en el mar fue un alumno aventajado. Y legó a su hijo sus conocimientos. Bartomeu Vera cuenta a David Oliver, en "La mar quotidiana. Cartes d'un pescador", que "gràcies a ell sabia que el mes de maig entrava la menjua, espetolí o sardineta de cinc o sis centímetres, des de Cala Figuera al Morro d'en Feliu, i que, segons corria, els aranyots, les quissones i les rates hi anaven al darrera. Calàvem vuit tremalls de cinquanta metres cada peça i agafàvem entre cent i cent cinquanta quilos d'aquest tipus de peix". Los tres hijos del patrón Bartomeu Vera trabajaron en otros oficios, ajenos al mar. Él se preguntaba si sus bisabuelos también habían sido pescadores. Es posible que sí lo fueran. En cualquier caso, con él se acabó la relación de los Vera con el mar. Afortunadamente sus conocimientos, su lenguaje y su mundo quedaron reflejados en un cuaderno escolar que David Oliver ha sabido convertir en libro. Habla de prisa, con seguridad. Ha estudiado el mar como espacio cotidiano de vida y muerte.

David Oliver (Palma, 1971) aparcó la carrera de historia para dedicarse al periodismo. Sus reportajes en dB sobre La Balear (un laúd de madera construido en 1924), interesaron al patrón Bartomeu Vera (Palma, 1926-2005). Posteriormente, las memorias de éste serían recogidas, ordenadas y puntualizadas por aquél. El resultado es "La mar quotidiana. Cartes d'un pescador" (Miquel Font editor, 2010)
Tenemos que hablar de Bartomeu Vera, pero le cedo la palabra y el diálogo toma otros cauces. Me explica: David Oliver.- Mi curiosidad por conocer la relación del hombre con el mar, me ha desvelado una Mallorca oculta. Los trabajos del mar siempre se han situado en un plano secundario e intrascendente, como si la subsistencia de la isla hubiera dependido exclusivamente del cultivo de la tierra. ¿Cuántas veces ha oído decir que la sociedad mallorquina vive de espaldas al mar?

Llorenç Capellà.- Muchísimas.
D.O.- Pues no es cierto. La gente, la riqueza, el comercio... Históricamente todo nos ha llegado a través del mar. ¡Incluso las ideas...! En cambio hemos dilapidado la cultura marítima con una frivolidad espantosa. Centrémonos en una agresión relativamente reciente: el cemento en el litoral. Cala Rajada puede ser un ejemplo. Es desolador. En unos pocos años hemos echado a perder siglos de conocimientos.
L.C.- ¿Puede ser más concreto?
D.O.- Claro que sí. Los pescadores de Cala Rajada se repartían el mar con los de Ciutadella. Se lo digo, para que vea que el mar no aísla, sino que une. Frecuentemente nos preguntamos si existe una conciencia de Illes Balears. Pues ahí tiene la respuesta: gabellins y ciutadellencs pescaban en el mismo canal y compartían alegrías y penas. ¿Me entiende...?
L.C.- Le entiendo.
D.O.- Los puentes culturales que han servido durante siglos de relación, han quedado sepultados bajo el cemento. Es como si jamás hubieran existido... Por otra parte, gentes como el patrón Vera eran portadores de una herencia de conocimientos que se remontaba al siglo XIX y ya no la transmitieron a la generación posterior.
L.C.- ¿Se ha perdido?
D.O.- Irremisiblemente. Vera vivió una época de cambios importantísimos como puede ser la incorporación del motor a las barcas. Y los registros culturales de los que se sirve un pescador de los años veinte no tienen nada que ver con los que usa otro de los cincuenta.
L.C.- Vera nació en el veintiséis.
D.O.- El mismo año en que el laúd de la familia, el 'Vicente Vera', empezó a navegar. Fue un paradigma de embarcación de la época, con aparejos muy especializados. Pescadores como los Vera eran el contrapunto a los actuales mandamases de la pesca industrial que está empobreciendo los
fondos marinos. ¡Si en el Mediterráneo estamos a punto de acabar con el atún...! El
mar ya no se respeta, se depreda.
L.C.- El patrón Vera vivió en Santa Catalina.
D.O.- Que en su relación con el mar es el barrio más completo que conozco. Allí encontramos desde el pescador que se hace a la mar bordeando la costa hasta el patrón que viajaba a Cuba con un cargamento de zapatos. Me refiero a todo el núcleo urbano de marineros. O sea, Santa Catalina, el Jonquet, el Puig de Sant Pere... Aunque no hay que confundirlos. El Jonquet y el Puig están separados por la Riera, una barrera natural que ha marcado diferencias. Y la conexión de Santa Catalina con el mar se produce a través del carrer Gran, que es el que unía Palma con Portopí y con Andratx.
L.C.-...
D.O.- De todas formas, no siempre ha sido así. En el siglo XVI, cuando la Riera pasaba por las Rambles y el Passeig del Born, el asentamiento de pescadores más genuino de Palma se hallaba en los alrededores de la iglesia de Sant Nicolau. Pero, en relación con su pregunta anterior, le diré que Bartomeu Vera vivió en Santa Catalina, concretamente en la calle Indústria. Porque había nacido en el Jonquet.
L.C.- Y el Jonquet daba directamente al mar.
D.O.- Antes de que se construyera el Passeig Marítim, sí. Los vecinos del carrer del Gambins vaciaban sus orinales en el talud. Desde las ventanas de sus casas ¿comprende...? Y quienes marisqueaban entre las rocas tenían que andar listos para que el contenido no les cayera encima.
L.C.- ¿Cómo se le ocurrió recopilar las memorias de Vera?
D.O.- La idea fue suya. Escribía una especie de dietario. Lo apuntaba todo. Memorias de la pesca y memorias del barrio... Anotaba desde la caída de un avión delante de "ca sa Pagesa Rossa", en donde había "una costura de pa amb oli", lo que hoy se conoce como guardería...
L.C.- ¿Sucedió...?
D.O.- En el año veintinueve. El piloto murió. Tenga en cuenta que los hidroaviones de la Aéreo-Marítima tenían el hangar en el Terrer, delante del Jonquet.
L.C.- Me estaba diciendo que Vera lo apuntalaba todo...
D.O.- Absolutamente todo. Por ejemplo, los apodos del barrio. Le digo algunos: na Foradellí de Sucre, en Forqueta, en Pa i Peix, sa Xorrina, na Celos, en Coca Calenta, el Tio Canterano... Por otra parte, tenía una cultura marinera importantísima. Ya se lo he dicho: los pescadores nacidos en la postguerra se encontraron con otros tipos de barca y de artes.
L.C.- También me ha dicho que le hablaba de otras cosas.

En época de escasez máxima, los pescadores estaban faltos de todo menos de comida. Tanto es así que se pone de moda la figura del "mosset de barca"”

D.O.- De los cines del barrio, de las pescaderas que vendían por las calles, de las putas que prestaban sus servicios en la Murada, delante de la Seu... Y de la postguerra. Siempre desde su óptica de hombre de mar. En época de escasez máxima, los pescadores estaban faltos de todo menos de comida. Tanto es así que se pone de moda la figura del "mosset de barca". Son niños que ayudan en los trabajos de pesca a cambio de la manutención. Son tiempos difíciles en los que se come cualquier cosa.
L.C.- ¿Por ejemplo...?
D.O.- Corbs marins. Son de carne tan dura que, para comérselos, tenían que hervirlos tres veces. ¡Y nada le digo de la piel...! Se desollaban como los conejos. Y otra cosa: también se comían los huevos de gaviota. Sólo en tortilla, no sé por qué. Y las tortillas salían color de rosa.
L.C.- Los corbs marins, los huevos de gaviota... ¿se comercializaban?
D.O.- Más bien se regalaban a los más necesitados. La solidaridad, entre la gente del mar, ha sido siempre notable. Usted habrá oído hablar de la rivalidad histórica entre Santa Catalina y el Puig de Sant Pere...
L.C.- Sí.
D.O.- "No hi ha collons de gallina/ d'entrar dins Santa Catalina", les retaban los catalineros.
L.C.- Vale.
D.O.- "No hi ha collons de Puput/ d'entrar dins el Puig", les respondían los otros. Sin embargo, en el mar, la rivalidad se aparcaba. "Qui va a la mar/ sap resar", decían unos y otros. Vera me elogió muchísimo el papel que jugó la Cofradía de Pescadores. Si había un naufragio, si un hombre se perdía en el mar... La Cofradía se hacía cargo de su viuda, de sus hijos... De todas formas, en la cosa de los montepíos hubo sus pícaros.
L.C.- Cuente...
D.O.- El vicario de Sant Magí, Joan Crespí, creó La Razón, una mutualidad. Fue en tiempos de la República o antes. Más tarde desapareció con el dinero de los afiliados. Lo dice una canción: "Es capellanet Crespí/ es s'homo més viu del món/ perquè els ha donat pel sac/ a tots els de La Razón".
L.C.- Crespí se hizo falangista, aunque luego, en los años de la guerra, fue expulsado del partido. D.O.- Vera únicamente me habló del robo. Igual no lo sabía, no sé... De la guerra, me habló del miedo de la gente a falangistas y militares. Si cuando en los cuarteles se procedía a izar o a bajar bandera los paisanos que pasaban por delante no se detenían y la saludaban al estilo fascista, eran detenidos y obligados a beber aceite de ricino. En fin, disparates...
L.C.- ¿En que afectó, la guerra, a los pescadores?
D.O.- Para evitar que la gente escapara de la isla en barca, las autoridades militares inutilizaron los motores quitándoles una pieza. Vera era muy cauto hablando de la guerra, pero algo se le escapaba. Me contaba que los nacionales saquearon Menorca. Al menos sus vecinos, los que habían participado en el desembarco, regresaron cargados de ropa y de zapatos. Cuando la guerra, era un niño de diez años... Me hablaba de las mujeres que buscaban novio italiano por el Passeig del Born y de Sagrera. No le caían muy bien. Las tilda, en sus recuerdos, de gatas en celo...
L.C.- Con diez años, precisamente, se embarcó.
D.O.- Salía a pescar con su padre. Y en la posguerra iban por Portals Nous, Portals Vells, Illetes... Estaban una semana o dos fuera de casa, como hacen los pescadores vascos; pero, a diferencia de éstos, pisaban tierra a diario para entregar las cestas de pescado. Esperaban el autocar de línea, el de Calvià y el de Andratx, al borde de la carretera. Luego, ya en Palma, mestre Tomàs iba con su carro y su burro a recoger las cestas a la agencia y las repartía entre las destinatarias. Porque cada patrón hacía llegar la pesca a su patrona... También mantenían, los pescadores, una relación muy fluida con los amos de possessió de la costa: cambiaban pescado por sobrasadas o productos del campo. Se lo recalco, porque descubrimos la existencia de una cultura del litoral de la que nunca se ha hablado. Mar y tierra se han relacionado, han formado parte de un mismo negocio...
L.C.- ¿Hicieron contrabando, los Vera?
D.O.- Él jamás me lo reconoció. Pero no lo descarto. En la posguerra era algo normal, dada la escasez de todo. Los bultos de contrabando se desembarcaban con una relativa tranquilidad en la playa que había debajo de los molinos del Jonquet, porque los porteadores sabían que los guardias de ronda no iban a pasar. Habían sido sobornados con dinero y con género. Era lógico. Al menos, a Tomeu Vera, se lo parecía. En cambio se quejaba de la rapacidad de los militares. No se conformaban con nada.
L.C.- Me ha dicho que en los años difíciles, el pescador tenía la comida garantizada.
D.O.- Y es cierto, Pero dentro de una modestia generalizada. Por ejemplo, cuando la madre de Tomeu hacía escabeche invitaba a cenar a todos los conocidos de la familia. Y sí, se hartaban de comer escabeche y él me dice que eran felices. Pero ¿de qué felicidad me habla...? Si después se quedaban a dormir y no había camas suficientes, se echaban encima de las redes.
L.C.- ¿Le habló de la infancia?
D.O.- Por supuesto. Los niños se hacían los juguetes. Muñecas, caballos... Y me explicó las peleas de pavos que se celebraban en las cercanías de "els rentadors" los días cercanos a la Navidad. Eran peleas muy sanguinarias que despertaban pasión entre el vecindario. El pavo vencedor "feia jueu" al otro. No he podido saber el significado de esta expresión.
L.C.- En cualquier caso, las peleas de pavos debieron ser anteriores a la guerra.
D.O.- ¿Cómo lo sabe...?
L.C.- Por la escasez que hubo luego.
D.O.- Es cierto. De la posguerra me contaba que era un asiduo de las verbenas de barriada. Y también me hablaba de las regatas a remo que se organizaban entre s'Aigo Dolça y Can Barbarà. Eran un juego, un deporte, una manifestación popular ya desaparecida para siempre, porque en Palma nos han robado el litoral. Qué tragedia. El Passeig Marítim ha contribuido decididamente a que perdamos la memoria del mar.
L.C.- Vera murió hace cinco años.
D.O.- Y con el hombre murió el último gran patrón mallorquín. De su generación ya no queda nadie. Tuve la suerte de conocer a otros, todos menorquines. Conocí a los patrones Lluís Cabrisses y Adrià Adrián, de Ciutadella. Y a Delio Preto Torres, del Castell... Pero también se fueron. Todos han muerto en los últimos años.
L.C.- ¿A dónde fue a parar el Vicente Vera?
D.O.- ¿El laúd...?
L.C.- El laúd, sí.
D.O.- No lo sé. Aunque le sigo el rastro. Pienso que puede estar en s'Estanyol o en la Colònia de Sant Jordi. Quisiera localizarlo. Es casi centenario. Pese a que le pusieron motor, estaba diseñado para navegar a vela.

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