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Caso Gabriel, el niño asesinado en Níjar

Patricia Ramírez envía una carta a su hijo Gabriel tras un mes de «marea de amor»

Patricia Ramírez y Ángel Cruz. | Efe

| Almería |

Patricia Ramírez, la madre del niño Gabriel Cruz, ha remitido una carta dedicada a su hijo cuando se cumple un mes de su desaparición y muerte en Níjar (Almería), 30 días en los que dice que «todavía se mantiene esa marea de enorme amor» generada por el pequeño.

«Hoy hace un mes mi amor y todavía se mantiene esa marea de enorme amor que has generado y surgen miles de propuestas de gente buena, como en la canción, cuyo fin no son ellos mismos sino hacer un mundo mejor contigo como estandarte», dice Ramírez en esta misiva que han facilitado a los medios los portavoces de la familia.

En la carta, se dirige a su hijo y le dice que le gustaría saber que todo el mundo lo llama Pescaíto y sabe que quería ser biólogo marino. «De hecho, me han dicho que te han contratado en el cielo. ¡Fíjate, sin haber terminado la carrera ya estás haciendo lo que te apasionaba!», dice.

«Sueño con que te estén tratando bien y estés maravillado de nadar a tu antojo por el mar. Conociéndote seguro que ya has bajado a la llanura abisal y has encontrado el Megalodón; seguro que has nadado y jugado con los delfines y les has contado que tu ya sabías desde bien pequeñito que respiraban por el espiráculo», añade Patricia.

La madre le traslada a su hijo que lo tiene «calao» y está segura de que se las has ingeniado para hacerse un amigo «Yokai» que le «cante a menudo eso» de «soy afable, achuchable y súper amable» que tanto le gustaba.

«Espero que cuando tengas frío o salgas mojado o te marches a dormir no tengas reparo en pedirle a los ángeles que se nos fueron antes que te hagan un 'paquetito' y te abracen como un bebé, como a ti te gustaba. Si lo haces, ya verás como me sientes e incluso puedes oler el cariño y la ternura que siempre me has producido», afirma.

En la misiva la progenitora dice a su hijo: «Seguro que sientes cómo, desde que naciste, no he dejado de enamorarme cada día más de ti y enorgullecerme sorprendida de cómo has ido creciendo. No hay madre en el mundo, 'cuchifrito', que sienta más orgullo que yo de haberte tenido y contribuir a tu grandeza».

Mantiene que ha sido un «orgullo» caminar con él durante sus ocho años de vida porque le ha enseñado tanto que no tendrá «palabras ni lágrimas» para describirlo y traslada cómo quiso cada día «ser mejor persona» para criarlo «bien» y que la sonrisa de Gabriel fuera una «constante» en su vida.

«¿Sabías que cuando me enfrentaba a algo que me asustaba tú eras el norte que me hacía desplegar las velas y no dejar nunca de intentar hacerte un gran hombre? Ésa era mi responsabilidad Gabriel, pero contigo fue tan fácil y tan intensamente mágico que se derrumbaban todos los muros que nos ponían por delante», sostiene.

«Pasé de escuchar en mis pensamientos a Serrat con sus versos de 'a menudo los niños se nos parecen', a la 'Disciplina sin lágrimas' que tu amiga Carmen me descubrió. Y tú te crecías cada día; asombraba ver cómo querías superarte y cómo tus aspiraciones e inquietudes, lejos de la conducta habitual de cualquier niño, se tornaban en 'girasoles' y canto a los valientes», añade.

Le dice al niño que le gustará saber que «miles de niños y adultos cantan y ponen girasoles y luz en sus miradas cada mañana» y agradece a toda esa «marea de gente» su «respeto, ayuda, desinterés», por «guardar la rabia y mantener los 'pescaítos' en sus corazones» haciendo que su marcha «tenga cierto sentido».

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