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Enfrentamiento abierto entre vecinos de Pere Garau y bolivianos que provocan altercados

Los inmigrantes los acusan de racismo y los vecinos dicen que no pueden dormir por las peleas y juergas nocturnas

«No queremos nazis en el barrio», reza una de las pintadas que aparecieron. Fotos: ALEJANDRO SEPÚLVEDA

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En la calle Marian Aguiló de Palma el ambiente es prebélico. Los altercados continuos de un nutrido grupo de inmigrantes bolivianos ha soliviantado a los residentes, que llevan meses presentando denuncias ante la Policía Local y el Ayuntamiento. Las peleas, el ruido, la música a altas horas de la madrugada, los destrozos y la venta de drogas ha hecho irrespirable el clima en esa calle.

Marian Aguiló es una vía paralela a la calle Aragón, en la barriada de Pere Garau. En las paredes de los edificios han aparecido pintadas del tipo: «No queremos nazis» o «Fuera fascistas», realizadas por inmigrantes. Los vecinos del barrio, por su parte, no dan crédito: «Es increíble que hablen de racismo, cuando los afectados somos nosotros. No dormimos, tenemos miedo a salir a la calle y encima no podemos denunciarlos porque luego sacan el tema del racismo», se queja Dolors. Entre semana la situación es tensa, pero los fines de semana degenera por completo. «En aquel bar ilegal de bolivianos se llegan a juntar 200 personas, lógicamente muy por encima del aforo máximo. Salen a la calle con los botellines de cerveza, se pelean, orinan, defecan, vomitan y gritan durante toda la madrugada. Lo nuestro es un no vivir y la Policía Local y Cort nos ignoran», apunta Juan, otro de los afectados.

Recientemente una vecina perdió los nervios y salió a la ventana, suplicando que les dejaran dormir. Uno de los bolivianos, completamente beodo, se bajó los pantalones y le dijo que bajara a la calle: «Te la vas a tragar», añadió. En el citado bar hay bebés y niños de corta edad, testigos de aquel espectáculo nocturno tan atávico. Las bacanales no son lo único que preocupa a los vecinos: «Han surgido tres puntos de venta de drogas y parece como si alguien estuviera interesado en degenerar el barrio», opinó una residente sexagenaria.

Ayer en la calle eran visibles, sobre la acera, los restos de vómitos, excrementos y sangre, vestigios de incidentes recientes. «En los últimos meses la Policía Local tiene cientos de llamadas nuestras, es algo continuo los viernes, sábados y domingos. A veces viene un coche patrulla, pero a los cinco minutos se va y siguen cantando, rompiendo botellas y haciendo suya la calle», expone un vecino que vive en la esquina de Marian Aguiló con Maria Canals. La situación es tan tensa que esta semana está prevista una reunión entre los afectados, para decidir, entre otras medidas, si se manifiestan. «Tenemos muchas preguntas que hacerles al ayuntamiento y una de ellas es saber cómo es posible que un bar ilegal denunciado repetidamente, y que al parecer no tiene ni baños, pueda abrir toda la madrugada, sin problemas. El dueño debe tener muy buenos contactos», ironizó.

El enfrentamiento de los bolivianos no se limita a los pleitos con los vecinos. Las peleas con ecuatorianos son continuas: «Se creen que el barrio es suyo y cuando aparece otro inmigrante que no es compatriota se montan unas peleas tremendas. Algún día matarán a alguien».

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