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El padre de la mujer asesinada en sa Pobla mejora de las lesiones sufridas

Cristòfol Ros, de 82 años, sigue ingresado en observación, aunque está fuera de peligro

ELENA BALLESTERO/G.P.
Cristòfol Ros, el padre de la mujer asesinada en sa Pobla, mejora de las heridas que sufrió al ser atacado cuando fue a auxiliar a su hija, Margalida Ros Rodríguez, de 56 años de edad. Cristòfol Ros, de 82 años permanece ingresado en el hospital de Son Dureta. Una portavoz del centro explicó ayer que el sábado por la noche Cristòfol «fue operado y se le cosieron las heridas; su pronóstico es reservado, pero no se teme por su vida y en los próximos dos o tres días se le dará el alta».

La agresión se produjo el sábado por la mañana en un primer piso de la calle Molí. Evaristo Díaz Ventura, de 69 años, discutía con su mujer, Rita Hartkopf, alemana de 60 años, quien es inválida.

Margalida Ros llamó a la puerta y exigió al varón que dejara de maltratar a la mujer. Acto seguido Evaristo se abalanzó sobre ella y la golpeó con una botella de cava hasta causarle la muerte y cuando el cristal se rompió le cortó el cuello.

Cristòfol Ros, alertado por los gritos, acudió en auxilio de su hija, pero también fue atacado por el sospechoso y tuvo que ser evacuado a Son Dureta, donde se encuentra hospitalizado en observación.

Rita Hartkopf también fue trasladada al mismo hospital para practicarle un reconocimiento médico. La misma portavoz de Son Dureta explicó ayer que Rita «tiene el alta médica, pero permanece en el hospital y mañana (hoy) trabajaremos con ella para buscar una solución» ya que está postrada en una silla de ruedas y precisa de asistencia porque no puede desenvolverse por sí misma.

La Guardia Civil continúa las gestiones en relación al caso. Evaristo Díaz sigue detenido en las dependencias de la Benemérita, en Pollença, para tomarle declaración y mañana martes podría ser puesto a disposición de la autoridad judicial.

El asesinato de Margalida Ros, presuntamente a manos de su vecino Evaristo, era ayer la comidilla en las principales calles y bares del pueblo.

Los vecinos se mostraban incrédulos ante lo ocurrido y algunos de ellos, que prefieren no dar a conocer sus nombres, manifestaron que Evaristo es un «buen hombre, cariñoso y quería muchísimo a la alemana», decían.

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