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Crimen en una caseta de campo

Intensa búsqueda de un sospechoso del brutal asesinato de Artà

Se trata de un amigo de Pedro Bonnín que visitaba con cierta frecuencia la caseta

JAVIER JIMÉNEZ/J.M.SASTRE
La investigación policial está bien encaminada y es probable que en las próximas horas se obtengan resultados. La Guardia Civil ya tiene en su punto de mira a un principal sospechoso, que últimamente había sido visto en distintas ocasiones con el cocinero asesinado. Incluso es probable que frecuentara su casa.

Al descubrirse que faltaba el coche de Pedro Bonnín se pensó en la posibilidad de que la víctima lo hubiera dejado en un taller poco antes del crimen. Sin embargo, a media mañana de ayer se desechó esa posibilidad y tomó fuerza la hipótesis de que fue el autor del crimen quién se llevó el Ford Fiesta de color negro, con bastantes años de antigüedad. De hecho, durante horas un helicóptero sobrevoló las fincas colindantes con el cementerio y los caminos rurales, en busca del turismo. La Benemérita cree que en su interior puede encontrar pruebas de peso, como restos de manchas de sangre o quizás el arma homicida.

En este sentido, Pedro Bonnín podría haber sido golpeado con un palo, una piedra o un martillo, según indicaron en fuentes judiciales. La investigación, en cualquier caso, se centra en el círculo masculino con el que tenía relaciones el cocinero de Artà. Los agentes indagaron ayer en ambientes homosexuales y de «chaperos», y tomaron declaración a algunos jóvenes. Al cierre de esta edición las pesquisas continuaban a buen ritmo, y no se habían practicado detenciones. «En Guixó», como era apodada la víctima en Artà, había disfrutado de una semana de vacaciones, según contó el mismo a algunos vecinos, y en los últimos meses trabajaba como cocinero en un restaurante de Cala Rajada. También había sido matarife, panadero y carnicero. Su padre, «L'Amo en Perico», era un conocido mercader de ganado de Artà, que llegó a amasar una fortuna considerable.

Las aficiones de Pedro acabaron con esos recursos y su situación en la actualidad era bastante incómoda, desde el punto de vista económico. «Todo lo que ganaba se lo daba al hombre al que le había comprado la finca. Sólo le quedaban dos plazos», recordó un conocido. En la terraza de la caseta de campo aparecieron ayer manchas de sangre, pero parece ser que las baldosas se mancharon cuando fue sacado el cadáver y por tanto está claro que el crimen se cometió en el interior de la diminuta vivienda. El perrito de Pedro estaba presente cuando se cometió el asesinato y ayer al mediodía su hija se hizo cargo de él, después de que la Guardia Civil le permitiera acceder a la finca. Es el único testigo del brutal asesinato.

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