MICHELS-G. PICÓ
Las cuatro de la madrugada, teóricamente, es la hora obligada de
cierre de muchos de los locales de ocio de la zona de Punta
Ballena. Se supone que a partir de esa hora la vigilancia policial
empieza a disminuir porque acaba el turno de refuerzo, y este hecho
es aprovechado por las prostitutas para salir a «hacer la calle».
El Ajuntament de Calvià prevé sacar adelante una ordenanza para
regular la prostitución callejera, pero de momento el único
instrumento con el que cuenta el Consistorio para erradicar esta
práctica es la «presión» policial. En la pasada madrugada, sobre
las 04.30 horas, la Policía Local de Calvià realizó la última
«redada» e identificó a una docena de mujeres, cuya situación en el
territorio nacional está siendo investigada. Muchas de estas
mujeres de nacionalidad nigeriana están controladas por redes
organizadas y son obligadas a ejercer la prostitución en Punta
Ballena, s'Arenal y el hipódromo de Son Pardo. En función de la
presión policial van «rotando» por estos lugares.
En Punta Ballena, la Policía Local de Calvià detectó a principios de verano alrededor de 40 mujeres que se dedicaban a la prostitución callejera.
Tras las numerosas quejas de los vecinos, comerciantes y hoteleros por «la degradación y la mala imagen que suponen para la zona» se iniciaron una serie de controles. Las mujeres son identificadas y se elabora un «censo». Ahora se cree que sólo son una docena las prostitutas que hay por la zona. Estas ofrecen sus «servicios» a los turistas que salen de los bares de copas y discotecas y cobran unos 50 euros por una felación y 100 por un «completo», aunque los precios son negociables. Las relaciones sexuales se mantienen en la playa o incluso en la misma calle, a plena vista, hecho que ha agudizados las quejas de los vecinos y comerciantes del núcleo turístico.