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El calendario del año que viene

| Palma |

En este año que se va acabando (hola, teórico inicio del invierno) sólo uno de sus meses empezó el día que toca, con un orden lógico para quienes cualquier imprevisto en el devenir de las cosas puede derivar en trastorno. Sólo el primer día de mayo fue un lunes, el primer día de la semana según esta manera que tenemos de contar por estos lares. Lo bueno de 2024 (siempre hay una primera vez que anotas el nuevo año y observas cómo queda y si te sugiere algo: 2002 se parecía mucho a unas gafas, los ceros eran los cristales y los doses la varillas que encajan en las orejas); lo bueno de 2024, digo, es que empieza con el primer día de la semana. Eso sucederá, también, en abril y en julio. Hay años –por suerte el que asoma no es el caso– que llegan enganchados en la semana final del anterior. Por eso 2021 fue una prolongación del año de la COVID y fue un año de mascarillas, como el anterior. Se supone que un año que empieza en un día 1 que es lunes permite hacer borrón y cuenta nueva, para empezar desde cero. Ese año, el 2021, tuvo algo muy positivo: un mes modélico. Como febrero tuvo 28 días y quedó tan bien encajado en el calendario, empezó en lunes y terminó en domingo. Es el mes perfecto: el mismo número de lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos. Cuando llegan estos días del año, y diciembre está ya en retirada, no hay nada como mirar el calendario que vas a estrenar para que te acompañe (te mire y lo mires) durante el siguiente, sobre todo si es uno de esos de números grandes que se cuelgan en las paredes de la cocina y con espacios para pequeñas anotaciones. Hay una imagen muy lograda en el cine: la que representa el paso del tiempo a través de las hojas de un calendario, a veces, uno de esos calendarios de una hoja por día y que además incluyen reflexiones. Sigo mirando al calendario de 2024, que empieza de manera lógica.

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