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JFK: Caso abierto I

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La película (Oliver Stone, 1991) sugiere que el asesinato del presidente Kennedy en 1963 fue una conspiración. Según una encuesta (Associated Press, 2013), el 60 % de los estadounidenses no se creían las conclusiones de la comisión Warren y solo un 24 % consideró que Oswald actuó solo. Para el historiador Clive Webb, hubo fallos de seguridad masivos. Algo que solo puede haber sido intencionado. Pese al atentado contra el embajador ante la ONU Adlai Stevenson, se usó un vehículo presidencial abierto, que además encabezaba la comitiva, sin agentes en los soportes laterales. Se cambió a última hora el trayecto con un peligrosísimo giro en V en la calle Elm. No había vigilancia en las azoteas y los agentes del servicio secreto se pasaron toda la noche bebiendo. Para el investigador Gary Aguilar, la comisión ocultó montañas de evidencias al público. En un documento, Hoover (director del FBI) insiste en la necesidad de «convencer al público de que Oswald es realmente el asesino.» ¿Era Oswald un lobo solitario? Su «deserción» a la URSS fue pagada por alguien y lo más notable es que al cabo de dos años fue readmitido en los EUA sin problemas. En una ocasión, tras ser detenido por la policía, pidió que acudiese un agente del FBI que lo liberó y mandó destruir el atestado. Su ficha de la CIA y del FBI se declaró reservada en la investigación. Es notable que el testigo clave Howard Brennan, desde la calle, fuese capaz de dar una descripción precisa del presunto tirador situado en un sexto piso. Oswald no pudo bajar desde la sexta planta sin ser visto; comió tranquilamente y luego se fue a su casa, donde fue visto muy pocos minutos antes del asesinato del policía Tippit que sucedió a una considerable distancia. Tras ser detenido estaba sereno y afirmó que no había matado a nadie, que solo era un chivo expiatorio. Numerosos testigos (desaparecidos luego en las más extrañas circunstancias) declararon que hubo más de tres disparos, algunos desde la valla de madera lateral. El forense Cyril Whect afirmó que, sin duda, Kennedy recibió disparos desde al menos dos ángulos diferentes. Pero el servicio secreto, en contra de la ley de Texas, forzó el traslado del cadáver a Washington donde se le practicó una autopsia en un hospital naval bajo secreto militar. Pretender que con un viejo fusil Carcano M91/38 de calibre 6,5 × 52 mm, de cerrojo, que requiere ser accionado en cada disparo, con un visor barato y desenfocado, sin trípode, puedan realizarse tres tiros precisos, el segundo tras solo 1,6 segundos, sobre un blanco móvil a 80 m, en trayectoria fuertemente descendente, es imposible. Expertos francotiradores del FBI lo intentaron luego sin éxito. Por no hablar de la bala «mágica» errática que causó dos lesiones a Kennedy y otras dos al gobernador Connolly y «aparece» luego en su camilla. Según el capitán de policía Fritz, el rifle, sin huellas, estaba frío y solo tenía un cartucho. ¿Y los otros dos? El vídeo en súper 8 de Zapruder, que no fue emitido por televisión hasta 1975, mostró la fragilidad de la versión oficial. En mi próxima tribuna revelaré lo que vi ese día, entrando en el análisis del quién y del por qué.

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