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Renovables

| Palma |

Renovarse o morir, sentencia uno de nuestros refranes más reiterados, y como si algo sobra aquí es sol y viento, y la base de la cultura nacional es el refranero (un grumo de refranes entrelazados de más de doscientos kilos de peso), no es raro que en plena crisis energética global, España y Portugal (la excepción ibérica) lideren el auge de las renovables a base de aerogeneradores y paneles solares. Con los que además proyectamos fabricar hidrógeno verde (harán falta más paneles) para exportar a Europa, más sombría y con menos ventoleras. Menos energética, en fin. Pronto habrá paneles en la vía pública, sustituyendo las plazas de aparcamiento en calles y plazas, y es posible que la burbuja renovable obligue a colocar pequeños aerogeneradores portátiles en las macetas del balcón, porque naturalmente, sacar beneficio energético al sol que nos achicharra siete meses al año, y al viento que sopla tanto a la intemperie como en el interior de las cabezas emprendedoras, es una ocasión que no se puede desperdiciar. ¡Lo que nos ha jodido toda la vida, ahora nos bendice!, aseguran admirados los más entusiastas.

Los que rompen a aplaudir con sólo escuchar la palabra mágica: Renovable. Si es renovable, y renovado, es excelente; si no, es insostenible, incluso punible. Por supuesto, ya se escuchan serios refunfuños, muy fundamentados, sobre esta algarabía renovable, y la exigencia de que todo, además de las energías, no sólo deba renovarse, sino ser intrínsecamente renovable. Aquí he de decir que no soy quién para pronunciarme, ya que desafortunadamente, yo nunca he sido nada renovable, no renuevo ni el vestuario (ni las zapatillas), ni los amores y aborrecimientos, nada. Me marchito, me fosilizo, me desmorono con los años, me reduzco. Pero no me renuevo ni a tiros. No soy renovable, en definitiva, y tanto la palabra de marras como los parques eólicos y los paneles sin fin me provocan un malestar inexplicable. Bueno, inexplicable no; prefiero que lo expliquen otros. Total, nadie les hará caso, porque el ímpetu bursátil de nuestras renovable es el pasmo del mundo. Y si hay que cubrir la tierra de paneles, y vivir debajo como topos o lombrices, pues se cubre y listo.

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