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Me debe una

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Parece que ya todo volviera a ser como antes y no ha pasado mucho tiempo. No pretendo ser aguafiestas ni mucho menos, pero le invito a que se relama ante la requetenueva normalidad, conocida como aquella normalidad sobrevenida post nueva normalidad. Y aquí estamos otra vez usted y un servidor. Yo picando y usted leyendo mientras sostiene este periódico. Acabaremos un año dónde lo mejor será observar dónde estamos sabiendo de dónde venimos. No tenemos que ir muy lejos, esta pasada primavera aún teníamos que llevar la mascarilla para seguir vivos. ¿Se acuerda? Hoy parece que nos esperan unas fiestas como las de antes, queridas por unos, odiadas por otros y siempre una cita con la melancolía. Brindaré por usted y los suyos, por los que están y por aquellos que este año ya no nos acompañan. Mientras, disfrutemos de los que estamos que nada es para siempre. Usted me debe una. Una Navidad como toca. La que el año pasado se saltó quedándose encerrado en casa, triste, jodido, solo o muy poco acompañado y sobre todo, con el culo prieto, porque el miedo nos envolvía. Espero que tenga una buena noche en Nochebuena y aproveche para abrazar y besar a quien quiera, pueda o se deje, que nos privaron tantos besos que la deuda es enorme. Tóquense, rócense, abrácense, por Dios. Esta no es una Navidad cualquiera. Es la primera de todas las que le quedan y que sean muchas.

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