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Te trataré como un teléfono

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Volver a tratar al móvil –o como quiera que se llame ahora– igual que a un teléfono; cerrar con él un contrato indefinido con todo muy claro desde el principio, pactar con él una nueva relación y probarla durante las vacaciones.

No obligarle a una guarda permanente ni a vivir en una espiral de sobresaltos por mi culpa, por la suya o por la de otras personas. Decirle: lo sé ya sé que no debo tratarte como una cámara de fotos o un rastreador de mensajes en red, que tengas que controlar los kilómetros que hago o los bares en los que me detengo. Que sea sólo mis oídos pero no necesariamente mis ojos. Que no difunda a horas intempestivas conversaciones e imágenes ajenas ni, mucho menos, que vigile quien está conectado o no. Hagamos un pacto. Quiero volverte a tratar como un teléfono sin más. He abierto la libreta con los propósitos para julio y parte de agosto y lo primero que he anotado (dejando, como siempre la primera hoja en blanco) es mi firme voluntad de tratarte como si fueras un teléfono. Te seguiré llevando encima (aunque envidio a un amigo que deja el suyo en casa como si fuera de mesa) pero intentaré volver a aquellos tiempos en que se sabía que sólo había que telefonear a determinadas horas del día. Te trataré como un teléfono y si, por lo que sea, se me ocurriera algo que escribir llevaré encima una libreta diminuta, de esas tipo agenda. Hagamos un trato: te dejaré lejos de mí cuando intente leer y evitaré tratarte como una máquina de fotocopiar páginas de libro. Sí, comprendo que no hay necesidad de que vivas conectado a un mapamundi ya que tu pantalla es demasiado pequeña.

Supongo que no siempre es necesario saber lo que pasa al minuto, sobre todo algunos días del año. Te protegeré del tráfico de datos. No sé hasta dónde llegaré en mi intento de tratarte como un teléfono. Ni si esto que te digo es, una vez más, una fanfarronada.

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