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DÍA DEL PADRE

La paternidad en sus distintas etapas: «El amor que recibes de un hijo es inigualable»

Con motivo del Día de Padre cinco progenitores de Mallorca reflexionan sobre la paternidad y sus distintas etapas

Cada 19 de marzo se celebra en España el Día del Padre. | R.D.

| Palma |

«Sentí vértigo. Supongo que es natural. Tras meses buscándolo, estaba ahí. Me replanteé muchas cosas. Deseo ser mi mejor versión y no importa el sacrificio. Quiero que esté orgullosa de mi». Así describe Mario Villegas la sensación que experimentó cuando su mujer, Marga Coll, que este lunes cumple 28 años y está en la vigésimo novena semana gestación, le contó que esperaban un bebé. Mario solía decir que prefería un niño, «pero con la primera ecografía todo cambia. Te da igual. Solo quieres que nazca sana y fuerte». Desde 1948, cada 19 de marzo se celebra en España el Día del Padre. Esta fiesta celebra una carrera de larga distancia en un paisaje tornadizo. Porque aunque los hijos crezcan y los padres mengüen, el vínculo es para toda la vida.

En 2017 Iñaki Bernabéu se marchó a Suecia, estudió Fisioterapia en el Karolinksa Institutet y, junto a Linda Junas, formó una familia. El 4 de noviembre de 2023 nació Leandro, «un golpe de madurez. La paternidad es sinónimo de responsabilidad, esfuerzo y sacrificio. He aprendido a pensar más allá de mí mismo», explica Iñaki. Ser padre primerizo es todo un reto, «no sabes a qué te estás enfrentando, no sabes qué estás haciendo bien y qué no. Además, debes reestructurar tu vida, encontrar el equilibrio para que todo funcione». Sin duda, vale la pena. «Disfruto al ver como se desarrolla nuestra relación y el cariño crece cada día. Despertar y encontrar a mi hijo durmiendo a mi lado me llena de alegría».

Iñaki Bernabéu y el pequeño Leandro.

Para el pintor José María Fayos, padre de Julieta y Javi, de trece y once años, «la paternidad es lo más grande que puedes hacer en la vida. Es una experiencia de aprendizaje. Si venimos al mundo a aprender a amar, si el amor es el motor de todo, el que recibes de un hijo es inigualable. Y también es nuestra misión como especie», expresa Fayos, quien destaca como, con la llegada de una nueva vida, la propia pasa a un segundo plano, «esa experiencia de generosidad, rebajar tu ego, es maravillosa. La felicidad se halla en dar, no en recibir».

José María Fayos con Julieta, de trece años, y Javi, de once.

«Es educar. Intentar transmitir todo lo que sabes. Aunque no sea mucho. Se trata de dar lo mejor de uno mismo». Así define la paternidad Ángel Cortés, gerente de Pastelería Ángel y El Bula. Nacida en el 2000, su hija Dunia trabaja en la pastelería desde hace ocho años, «me hace muy feliz, pasamos mucho tiempo juntos. También me hubiese gustado que tuviese otra carrera, otro futuro. Pero que elija estar aquí es un placer enorme», confiesa Ángel, definido por Dunia como «un guerrero». «Si trabajo con él es porque es un pilar en mi vida. Me gusta seguir sus pasos», expresa la joven que, desde hace tres años, disfruta de su hermano Miguel Ángel. El empresario fue padre por segunda vez con 49 años, «cuando eres joven y tienes hijos estás pendiente de tu progreso laboral. Ahora soy más maduro, y valoro las pequeñas cosas. A veces pienso que, con Dunia, me perdí muchas. Ahora será más simple hasta que llegue a la adolescencia; me pillará bastante maduro. Pero estaré jubilado y tendré tiempo para ir detrás de él», expresa Ángel, a quien le espera un retiro ajetreado.

Ángel Cortés, Dunia y Miguel Ángel.

Además del eterno lazo de sangre, a los artistas Pere y Gabi Ignasi les une su pasión por el vidrio fundido. Aunque padre e hijo desarrollaron sus carreras artísticas por separado, desde hace seis años trabajan mano a mano en su taller y galería, en Consell. «Mi paternidad ha sido muy distinta a la de mi padre. A veces he pensado que era una multa a la ignorancia. Que Gabi esté conmigo es una buena sensación; me quita mucho trabajo, aunque a veces también me lo da», afirma Pere Ignasi quien todavía le transmite toda su ambición creativa a su hijo.

Pere y Gabi Ignasi, en una imagen de 2022, unidos por su pasión de trabajar el vidrio fundido.

«Mi padre tenía un gato que se llamaba Calamar. Le ha gustado salirse del tiesto. Ha sido un artista pionero en muchos aspectos, pero puede ser muy complicado por momentos. Me ha enseñado a ser libre, sobre todo a nivel laboral, algo muy de agradecer; a tener pensamiento crítico y a no creer todo lo que me cuentan, y también cosas que no me gustaría hacer a mis hijas, Amaya y Alma», concluye Gabi Ignasi, que seguirá dándole forma a frágiles esculturas con su padre.

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