Síguenos F Y T L I T R

30 años de conflicto

La comunidad armenia de Mallorca se moviliza para dar visibilidad al conflicto bélico en la región de Nagorno Karabaj, que enfrenta a su país con Azerbaiyán | Reuters

| Palma |

«Me he pasado toda la adolescencia dibujando mi país en un mapa porque la gente no tenía ni idea de dónde estaba. En Nagorno Karabaj no hay gasoductos ni bolsas de petróleo que explotar, solo montañas. Por eso este enclave no le importa a nadie. Y nos están abandonando a nuestra suerte», lamenta Artur Sharluyan, pediatra en el hospital de Son Espases.

De origen armenio, emigró a España hace 26 años, cuando su madre, músico de profesión, encontró trabajo en Bilbao. Forma parte de la pequeña comunidad armenia residente en Mallorca, que se calcula está formada por unas 160 personas. Todos ellos viven con temor desde los últimos quince días la escalada del conflicto entre Azerbaiyán y Armenia por la zona montañosa de Nagorno Karabaj, un enclave de apenas 4.400 km2, casi el tamaño de Baleares.

Dos semanas de enfrentamientos dejan ya 200 muertos, aunque cifras no oficiales hablan de hasta 500 fallecidos. Además, unas 70.000 personas, la mitad de la población de Nagorno-Karabaj, se han convertido en desplazados, y las bombas han obligado a vivir bajo tierra a los 55.000 habitantes de la ciudad de Stepanakert.

Una anciana con su escopeta en la puerta de su casa en Stepanakert, la capital del enclave separatista de Nagorno Karabaj.

La comunidad armenia de la Isla logró la semana pasada que el senador de MÉS per Mallorca, Vicenç Vidal, se interesara por la situación y reclamara en la Cámara alta que las partes afectadas decreten un alto el fuego y negocien la paz. Asimismo, los armenios residentes en Mallorca se han concentrado en la Plaça de Cort de Palma, como ha sucedido en ciudades de todo el mundo, para visibilizar este conflicto congelado y exigir la paz y la actuación inmediata de la comunidad internacional en la zona. «Esto es un sinvivir. Tenemos familia y amigos allí. Vemos con preocupación lo que sucede. Y lo peor es que nadie haga nada para acabar con esta situación que lleva treinta años enquistada», denuncia Artur Sharluyan.

30 años de sangre

Nagorno-Karabaj, una región montañosa y sin litoral situada dentro de las fronteras de Azerbaiyán, ha sido fuente de disputa desde antes incluso de la creación de la Unión Soviética. Las tensiones cesaron en el período en el que Armenia y Azerbaiyán pasaron a ser estados soviéticos, pero volvieron a surgir cuando terminó la Guerra Fría y desapareció el control del bloque por parte del partido comunista. La zona pasó a incluirse dentro de las fronteras de Azerbaiyán, aunque la población era mayoritariamente armenia. El conflicto estaba servido. Y de aquellos polvos, estos lodos.

El 10 de diciembre de 1991, en un referéndum boicoteado por la población azerí, los armenios del Alto Karabaj aprobaron la creación de un Estado independiente, la república de Artsaj, estallando la guerra entre el gobierno de Azerbaiyán y los independentistas del Alto Karabaj, quienes fueron respaldados por Armenia. Fue una guerra cruel y poco contada en la que se mató con saña: murieron unas 30.000 personas y más de un millón se convirtieron en refugiados. Aunque aún hoy ningún otro país del mundo reconoce Artsaj como Estado, en 1994 se firmó un precario alto el fuego. Desde entonces, ha habido sucesivas rondas de negociaciones para tratar de solventar el conflicto entre representantes de los gobiernos de Armenia y de Azerbaiyán, con la mediación del Grupo de Minsk de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Todas y cada una de ellas han terminado en rotundos fracasos.

Protestas internacionales. Una veintena de armenios se concentraron esta semana frente a Cort.

En abril de 2016 se produjo una nueva escalada de violencia que llevó a la llamada guerra de los Cuatro Días, ocasionando unos dos centenares de muertos. Y ahora, cuatro años después, se repite la misma historia. Conocer las causas de este nuevo enfrentamiento resulta harto difícil. Los líderes de ambos países se responsabilizan mutuamente de esta nueva crisis. Pero el resultado lo estamos viendo. Además, hay que señalar que el conflicto armenio-azerbaiyano en el Alto Karabaj va camino de convertirse en una grave confrontación global entre Rusia y Turquía, aliados de Armenia y Azerbaiyán respectivamente. Hay mucho en juego en la zona: petróleo y gas. Y nadie está dispuesto a que su suministro se vea afectado, sobre todo en estos tiempos.

«Conocemos de sobra la respuesta internacional. No hay muchos interés económicos en juego. Y aunque lo que debería primar hoy en día son los derechos humanos, perdemos vidas y nadie hace nada», critica Armen Muradyan, otro residente armenio que reside en Mallorca desde hace doce años y ve con pesar la situación que se vive en su país. «No estamos hablando de otro enfrentamiento como los de antes, ahora se dispara con drones, hay muchas más víctimas, muchos de ellos civiles. Por eso nuestra impotencia es mayor», lamenta este armenio, que regenta un restaurante de kebabs y cocina oriental en Ciutat, al tiempo que alerta que no solo se sufre en el Cáucaso un conflicto a base de balas y bombas, también se vive una segunda guerra en internet y las redes sociales basada en la desinformación.

La misma sensación tiene Kristina Sargsyan, otra armenia que lleva 26 años en Balears, pero que guarda fuertes vínculos con su país de origen. «Lo que nos duele es el no saber qué está pasando con nuestros seres queridos. El marido de mi prima está en el frente, no sé cómo está; mi padre es médico militar, tiene 74 años, y quiere aportar su granito de arena, le han dicho que no. Pero cualquiera sabe si esto se alarga en el tiempo», finaliza con pesar.

Los protagonistas

Armen Muradyan Grigoryan: Regenta un restaurante de kebab y comida oriental en Palma. Llegó a España hace 16 años y lleva doce viviendo en Mallorca.

Kristina Sargsyan: Reside en Mallorca desde hace 26 años, donde trabaja como product manager de un turoperador francés. Tiene familiares cercanos combatiendo en la zona.

Artur Sharluyan Petrosyan: Médico pediatra en el hospital de Son Espases, llegó a vivir a Bilbao hace 27 años con sus padres para trasladarse luego a Mallorca a trabajar.

Relacionado
Lo más visto