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Natalidad en caída libre

Los nacimientos en Baleares se desploman un 20 % respecto a 2008 por la precariedad, la vivienda y madres más tardías con dificultades para concebir. | T. Ayuga / J. Morey

| Palma |

La pirámide demográfica de Baleares ha sufrido una dentellada que se viene larvando desde la última década. La natalidad se ha desplomado un 20 por ciento. Si en 2008 hubo 12.713 nacimientos, en 2017 se contaron 10.288. En el primer semestre de 2018 nacieron 4.281 bebés, llegando al nivel más bajo de los últimos 18 años.

¿Es falta de interés, egoísmo o parimos por encima de nuestras posibilidades? Por mucho que el popular Pablo Casado culpe a los abortos, lo cierto es que las españolas desearían tener más hijos. Según la Encuesta de Fecundidad de 2018 publicada por el INE, casi tres de cada cuatro mujeres desearían tener al menos dos hijos. El porcentaje que no desean tener hijos disminuye al subir la edad. Así, el 27 % de las menores de 25 años no quiere procrear, frente al 16,7 % de las que tienen entre 25 y 29 años. Sólo una de cada diez mujeres mayores de treinta años no desea tener descendencia.

El 44 % de las mujeres de 35 años ha tenido menos hijos de los que deseaba y espera aumentar su descendencia. A partir de los 35, el 50,9 % achacan tener menos hijos a razones laborales o de conciliación de la vida familiar, laboral y a motivos económicos. Entre los 40 y los 44 años, es así en el caso del 46,6 % de las mujeres.

Teresa es el ejemplo de esas mujeres que han retrasado al máximo la maternidad. Con 43 años acaba de tener su primer hijo gracias a un tratamiento de fertilidad. Durante sus años más fértiles se formó, trabajó, intentaba mejorar su empleo y asentar su carrera… «Retrasé mi maternidad por cuestiones laborales. Te crees que no pasa nada y cuando decides ser madre, te plantas en los cuarenta años. Nunca te planteas que puedas tener problemas para concebir, pero eso me pasó a mí», reconoce Teresa.

Sigue la estela de muchísimas mujeres de Baleares que han esperado a que escampara la crisis y a una situación laboral más estable para ser madre. Y entonces cumplieron los cuarenta. En su caso intentó quedarse embarazada con 41 años, hizo dos tratamientos de fertilidad y ahora, con 43, tiene un niño de un mes. «Si lo llego a saber, me pongo antes», confiesa.

Retraso al límite

Sus amigas están en una situación similar: «Cinco se han sometido a tratamientos de fertilidad y tres han sido madres de forma natural», todas superando los 35 años. ¿Por qué esperar tanto? «Han tenido problemas laborales, les pilló la crisis y cuando se han puesto, ya habían cumplido 36 años. La falta de trabajo o la inestabilidad, no trabajaban de lo que habían estudiado… Pese a que son mujeres preparadas con másters e idiomas». Tanto retraso tiene su coste económico y personal. A Teresa tener su primer hijo le ha supuesto una factura de 27.000 euros. «¿Cuántas mujeres habrá que no se puedan pagar su tratamiento?», se plantea. El segundo hijo para muchas de estas mujeres supone una heroicidad.

El doctor Javier Marqueta, director de la clínica de fertilidad IVI Mallorca, advierte del incremento de mujeres con dificultades para engendrar que se han acercado a su clínica, un fenómeno que «se ha agravado desde 2008. La idea de maternidad se expresa más tarde, pero la fertilidad desciende con la edad. Cuando llegan a los 35 ó 40 años se ha reducido». Sin embargo, Marqueta advierte que «se tiene la idea de que se es fértil hasta la menopausia, pero lo cierto es que a partir de los 35 se reducen las posibilidades de manera drástica». Y advierte: «Aunque se es fértil desde los 18 años, se espera hasta los 35 años. Y allí hay una ventana muy pequeña para tener hijos, de solo cinco o siete años». Si el primero es difícil, el segundo es más complicado, y el tercero, casi imposible. Eso explicaría la caída de la tasa de natalidad: ahora hay pocas reincidentes.

Las mujeres que se acercan a su clínica han retrasado la maternidad «porque no han tenido una pareja ideal, o por motivos socioeconómicos». Marqueta calcula que el año 2018 se llevaron a cabo 2.000 ciclos de fertilización asistida en Baleares, de los que cerca de un millar se han realizado en la clínica IVI. Y se percibe un cambio de perfil: mujeres de edad más avanzada, sin pareja o lesbianas. La congelación de óvulos en treinteañeras parece una buena opción para sortear la caída de la fecundidad con el paso de los años.

Discriminación

Marqueta calcula que el 25 % de las mujeres no quieren ser madres, y el 75 restante sí quiere, pero lo tiene difícil, así que se plantan en el hijo único. ¿A qué se debe este plante maternal?

Los sindicatos reciben muchos casos de trabajadoras discriminadas por la maternidad. Según Yolanda Calvo, secretaria de Ocupación y Formación de CC OO, «esta caída coincide con el período de crisis. Los jóvenes han sufrido la falta de empleo y las mujeres padecen una doble penalización. Ahora sube la contratación, pero la calidad deja mucho que desear, los salarios son bajos y se hacen contratos por horas».

Un hijo, un lujo

Si se suma el aumento del precio de la vivienda (1.200 euros el alquiler), el tijeretazo va hacia los niños: directamente no se tienen. «Los hijos que no hemos podido tener durante la crisis se deben a la caída del Estado del bienestar», dicen en CC OO. Al sindicato llegan casos de mujeres que en una entrevista de trabajo les preguntan si son madres o van a serlo a medio plazo. «No te puedes permitir el lujo de tener un hijo para un sector de la sociedad. No se atreven por las dificultades para sacarlo adelante», señala Calvo.

La precariedad laboral y el encarecimiento de la vivienda se traslada a las cifras de emancipación de menores de 35 años. Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, el 60,3 % de los jóvenes de Baleares de entre 16 y 35 años sigue viviendo con sus padres. A esto se suma el incremento de abortos, que continúan su tendencia ascendente: en 2017 se contabilizaron 3.177.

A la hora de buscar mujeres que no tienen hijos o retrasan al máximo su maternidad, muchas cuentan su caso pero ninguna se atreve a dar la cara. En UGT ponen de ejemplo el caso de una joven profesional que emigró a Londres por la crisis y decidió volver a Mallorca al cabo de unos años. La pregunta de la maternidad cayó en la entrevista de trabajo y luego vio cómo sus compañeros masculinos, con menos formación, ascendían con más facilidad. Al final, regresó a Londres.

«Las razones laborales, económicas y la conciliación familiar y laboral provocan que las mujeres tengan menos niños de los deseados, retrasen la maternidad o decidan renunciar», señala Xisca Garí, secretaria de Políticas Sociales e Igualdad de UGT, que achaca la bajada de la natalidad a la situación socioeconómica. Las mujeres jóvenes, en el pico de su fertilidad, no se plantean tener hijos porque prefieren formarse y tener una situación estable, algo muy difícil tras la reforma laboral de 2012.

La brecha salarial tampoco ayuda. Según UGT, las mujeres cobran casi 4.000 euros menos al año que los hombres. Garí señala que «las trabajadoras temporales viven angustiadas» y echa de menos más ayudas y más guarderías públicas. El precio de una guardería pública en Palma oscila entre los 13 y los 320 euros, en función de la renta de las familias. No hay suficientes plazas y una privada cuesta de 275 a 500 euros. Sin trabajo digno ni estable, sin vivienda asequible, sin una política que anime a procrear.

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