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La salud de Rainiero «no para de agravarse», según los médicos

El Papa Juan Pablo II envía al príncipe de Mónaco «una particular bendición apostólica»

Alberto y Carolina de Mónaco (acompañada de su marido), miran desde Palacio la procesión de Viernes Santo.

ÀNGEL CALVO-MÓNACO
«El pronóstico vital de Rainiero sigue siendo extremadamente reservado», subrayó el palacio de Mónaco en un comunicado en el que todo el mundo prestó atención al «extremadamente», que no había sido utilizado hasta ahora, y que deja pocas dudas sobre su interpretación. Por si fuera poco, el gabinete del soberano explicó que «el estado de salud de su Alteza Serenísima el príncipe Rainiero III no deja de agravarse. Pese a los cuidados más apropiados y al control de la infección bronco-pulmonar, las funciones cardíaca, pulmonar y renal se degradan progresivamente».

El comunicado salió a la luz poco después de que el mismo Palacio hubiera dado a conocer un mensaje enviado por el Papa al príncipe enfermo, en el que le daba su bendición y se unía a él en sus plegarias. «El Papa pide al Señor, confiándolo a la intercesión de la Virgen María, que le reconforte y le apoye con su gracia y le concede, de todo corazón, una particular bendición apostólica, así como a sus familiares», según ese mensaje transmitido a través del secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano.

La sucesión de partes médicos cada vez más alarmantes, con cuentagotas y sin ninguna comunicación oficial paralela, han favorecido la proliferación de rumores periodísticos, que tienden a coincidir en el carácter ineluctable del anuncio de la muerte de Rainiero, y sólo difieren en el calendario con el que se haría. Los fotógrafos y cámaras que hacen guardia en las cercanías del Centro Cardio-Torácico de Mónaco donde está ingresado Rainiero desde el pasado día 7, pudieron captar esta mañana la llegada en coche de su hija mayor, Carolina, y de su nieta Charlotte, y también del arzobispo del Principado, Bernard Barsi.

La misma Carolina ya había hecho acto de presencia pública anoche junto a su hermano, el príncipe heredero Alberto, y a su marido, Ernesto Augusto de Hannover, en uno de los balcones del Palacio mientras pasaba por delante la procesión de Viernes Santo. En ése, como en los otros oficios religiosos de Semana Santa en este micro-Estado de menos de 200 hectáreas en plena Costa Azul francesa, se ha estado haciendo alusión al estado del soberano en las plegarias.

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