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Una inyección letal acabó con la vida del terrorista de Oklahoma

Timothy McVeigh, de forma deliberada, miró uno a uno, directamente a los ojos, a los invitados a su ejecución

Partidarios de la pena de muerte celebran la ejecución de Timothy McVeigh.

EFE-TERRE HAUTE
Timothy McVeigh fue condenado a muerte por el atentado con explosivos que en 1995 dejó 168 muertos y cientos de heridos en Oklahoma City. El director del Centro Federal de Instrucción Penitenciaria en esta ciudad de Indiana, Harley Lappin, dijo que McVeigh, de 33 años, caminó tranquilo hasta la cámara de la muerte, se acomodó en la camilla y «cooperó con todo el proceso».

Poco antes, McVeigh, que nunca negó su participación en el atentado ni se arrepintió de sus actos, se había comido casi un kilo de helado de chocolate y había visto la luna por primera vez en años de encarcelamiento y por última en su vida, pocas horas antes de que lo llevaran desde el «corredor de la muerte» a la sala de ejecución.

Tras ser desnudado e inspeccionado, McVeigh vistió una camisa clara, un pantalón caqui y pantuflas. El comienzo de la ejecución, fijado para las 14 horas en Balears, se demoró algunos minutos por problemas en la transmisión, vía circuito cerrado de televisión, hasta Oklahoma City, donde unos 300 sobrevivientes y familiares de las víctimas del atentado se congregaron para observar la muere del reo.

Cuando por la aguja inyectada en su pierna derecha fluyó el primero de los tres compuestos químicos, que causa adormecimiento, McVeigh palideció pero mantuvo los ojos abiertos. La inyección del segundo compuesto -que acelera el ritmo cardiaco- provocó algunas bocanadas cuando el reo se esforzó para aspirar más oxígeno, y tres minutos después de empezado el proceso la inyección del tercer compuesto le causó un paro cardíaco. A la 14.14 horas en Balears, Lappin anunció la muerte, que queda registrada en los anales judiciales de Indiana como «homicidio».

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