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La supervivencia de la viña autóctona peligra por la falta de ayudas públicas

En el campo de crecimiento de viña de Biniagual, creado hace ahora un año en el ‘llogaret’ de Binissalem, crecen en estos momentos 350.000 plantas de viña de variedades autóctonas. Los expertos estiman que sobrevivirán un 60 por ciento de los injertos. | Elena Ballestero

| Binissalem |

Sembrar viña de variedades autóctonas cuesta ahora un 33,3 por ciento más de lo que costaba hace un año. La prohibición de exportar material vegetal de Balears obliga al sector a realizar los injertos de variedades de viña autóctona (antes se hacían en viveros especializados de la Península) por primera vez en las Illes.

Un año después de la entrada en funcionamiento del campo de crecimiento de viña autóctona en Biniagual (Binissalem), en el que crecen todos esos injertos, ni al vivero navarro que se encarga de este espacio ni a los bodegueros les salen las cuentas.

Los representantes de Viveros Villanueva se reunieron este miércoles con el director general de Agricultura del Govern, Mateu Ginard, en busca de un acuerdo para garantizar la continuidad de este campo creado hace un año de forma experimental para salvar la temporada pensando en que la prohibición de exportar material vegetal no se prolongaría en el tiempo.

Un año después, todo indica que la Xylella ha llegado para quedarse y difícilmente se podrá volver al sistema anterior. Ante esta situación, el vivero se plantea si vale la pena afrontar los gastos derivados de esta infraestructura así como el constante traslado de personal de Navarra a Mallorca.

Optimismo

Los propietarios del vivero quieren que la Administración asuma el sobrecoste de las plantas subvencionando directamente a los bodegueros. Cada planta costaba antes 1,5 euros y ahora cuesta 2 euros. Los responsables del vivero se mostraron «optimistas» tras reunirse con Ginard y confían en tener una solución definitiva para octubre. Agricultura evitó ayer valorar públicamente el contenido de la reunión.

El personal del vivero se había desplazado estos días a Mallorca para realizar el primer recuento de los injertos que metieron en tierra hace dos meses. La primera impresión es que la supervivencia de las plantas será mayor que la campaña del pasado año, que se cerró con un 60 por ciento de pérdidas.

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