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Manacor

Crispación en Manacor por la tala de 84 árboles en Na Camel·la

La decisión unilateral de Miquel Riera abre una grave crisis en el pacto y los vecinos del paseo le califican de «dictador»

A las ocho de la mañana de ayer, se procedió a la tala de los árboles sin comunicárselo a nadie. Foto: C. VENY.

CATERINA VENY/CARME MORENO
Llantos, lamentaciones, indignación, rabia, sorpresa y un alud de fuertes críticas e insultos. Estas son sólo algunas de las reacciones que ayer surgieron de forma espontánea entre los vecinos de Na Camel·la de Manacor y muchos otros manacorins cuando fueron testigos de la tala «indiscriminada» de unos ochenta árboles que desde hacía más de cien años hasta ayer a las 8'30 horas de la mañana, habían dado vida, sombra y carácter al emblemático paseo de Na Camel·la.

La tala de las amelias de la zona baja del paseo "durante la primera fase de las obras de construcción de los aparcamientos subterráneos en el primer tramo ya fueron arrancados más de 20 ejemplares" respondió a una orden irrevocable del alcalde de Manacor, Miquel Riera (ALM-UM), de proceder a la retirada de todos los árboles centenarios. La orden del primer edil llegó a los operarios con menos de 24 horas antes de pasar a la acción y, a partir de las ocho de la mañana de ayer, Melchor Mascaró SA, comenzó a ejecutar la sentencia de muerte de las amelias.

La orden de Miquel Riera no contaba con el beneplácito de sus socios de gobierno (PSM y AIPC) y fue ejecutada en apenas unas horas de la mañana sin que muchos vecinos se percataran de lo que allí estaba ocurriendo realmente, ya que no fueron avisados en ningún momento. Sobre la una del mediodía Na Camel·la parecía arrasada por el paso de una tormenta tropical. Decenas de árboles caídos yacían en posición horizontal sobre el pavimento del paseo. Muchos vecinos salieron a la calle o se desplazaron hasta el paseo del centro de la ciudad para valorar las dimensiones de la actuación.

«Nos hemos despertado con el ruido estridente de las sierras mecánicas y acto seguido hemos salido a la calle para ver lo que pasaba. Nunca habíamos visto nada igual. Un espectáculo dantesco, desolador», explicó una vecina con lágrimas en los ojos. La crispación fue subiendo de tono y alguno de los presentes cargó contra el alcalde Riera.

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