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La expansión del bosque

Las masas forestales de la Serra de Tramuntana han crecido un 75 % desde 1956 y ya han ocupado más de su mitad

Imagen de la finca de Son Macip, con Lluc a la derecha y un bosque de pinar a la izquierda donde antes había bancales de olivos.

| Palma |

Joan Bauzà defendió el pasado junio su tesis doctoral Canvi territorial a la Serra de Tramuntana (1956-2019) a partir de tècniques de teledetecció i anàlisi espacial, dirigida por Miquel Gelabert. Para la población en general, puede haber una percepción de que el paisaje de Tramuntana ha cambiado en las últimas décadas, pero otra cosa es la cuantificación y la mirada científica sobre esa transformación. Bauzà ha utilizado técnicas de teledetección y ha entrevistado a propietarios, amos y a funcionarios de la administración forestal (el antiguo Instituto de Conservación de la Naturaleza, Icona) que participaron en la gestión de fincas de la Serra durante la segunda mitad del siglo XX.

El estudio, en un ámbito que abarca 80.000 hectáreas, demuestra el importante proceso de forestación en terrenos agrícolas que dejaron de ser rentables, al tiempo que pinares, encinares y carritxars pasaron a ser improductivos por el abandono de los oficios del bosque y de la ganadería extensiva.

Una de las fuentes para el estudio ha sido la fotografía aérea de Mallorca realizada en 1956 por el servicio cartográfico militar de Estados Unidos, el llamado vol americà, que coincidió con el inicio del cambio territorial. A partir de esa foto de 1956, en blanco y negro, Bauzà ha aplicado una técnica similar a la que se utiliza en medicina para interpretar imágenes de reconocimiento facial y que ha permitido elaborar de manera semiautomática la cartografía de tres cubiertas de vegetación: bosque, garriga (matoll i carritxar) y cultivos. Para medir la magnitud del cambio, se ha aplicado la misma técnica en una fotografía aérea de 2019 (Plan Nacional de Ortofotografía Aérea), utilizando la de 1956 como referencia. La comparación ha permitido contrastar las cubiertas vegetales obtenidas de la imagen de 2019 con fuentes actuales, como el Inventario Forestal.

Los resultados revelan un cambio radical en la distribución de las cubiertas vegetales en la Serra de Tramuntana. En 1956, la distribución era la de un mosaico por tercios bastante equilibrados, aunque con un ligero predominio del cultivo. En la actualidad, el bosque ocupa más de la mitad de la Serra y el cultivo es la cubierta que ha experimentado una reducción más notable. Paralelamente a este proceso, se ha constatado un incremento en los grandes incendios forestales, pues se ha extendido una mayor continuidad boscosa. En este sentido, Bauzà explica que «el fuego ha pasado de ser un elemento de gestión a ser una perturbación».

Pasando a las cifras, son muy significativas. La extensión de bosque en la Serra de Tramuntana ha aumentado en 17.874 hectáreas entre 1956 y 2019, lo que supone un incremento del 75 %, mientras que los cultivos se han reducido en más de 14.000 hectáreas en ese período, lo que representa una pérdida del 43,4 %. El área de matoll i carritxar se ha reducido en 3.621 hectáreas, lo que representa una pérdida del 14 %.

El doctor en Geografía pone un ejemplo que puede sorprender a los senderistas de la actualidad: «Al observar la fotografía de 1956 del Puig de Lofra, apenas aparecen unos pocos árboles, que contrastan con el bosque actual. En la possessió homónima, el rendimiento era básicamente ganadero. Se quemaba, de manera controlada, el càrritx para que sus posteriores brotes tiernos sirvieran de alimento a las ovejas. Sin embargo, a partir de la década de los 80 empezó a haber problemas con las autorizaciones para la utilización del fuego. Paralelamente, la llegada de los tejidos sintéticos acabaría por sustituir a la lana».

Así, en todo este proceso de avance del bosque y retroceso de los cultivos, empiezan a aparecer los grandes incendios. Bauzà detalla que «en 1974 se quemó más superficie que en toda la década de los 60. Entre 1970 y 1983, se quemaron 26.000 hectáreas. Es decir, los grandes incendios se consolidan cuando ya está en marcha desde 20 años atrás ese proceso de transición forestal».

Joan Bauzà no ha querido limitarse a un estudio estrictamente cartográfico y científico, y ha querido ponerle, como él dice, «cara y ojos a través de las entrevistas personales, testimonios de un mundo que se acaba, una generación que ya se nos escapa».

En el análisis de las entrevistas realizadas, se han identificado las actividades y los productos clave que sostenían el modelo tradicional de gestión agraria y forestal en la Serra de Tramuntana. También se han enumerado los factores que causaron su decadencia desde mediados del siglo XX, dando lugar al modelo actual. Esta decadencia del modelo tradicional ha derivado hacia un espacio que necesita una gestión específica, ya que los grandes incendios forestales de las últimas décadas reflejan un territorio en desequilibrio.

Recorrer la Serra de Tramuntana supone en la actualidad adentrarse en masas boscosas donde todavía encontraremos olivos o algarrobos en marjades que son vestigios de los usos agrícolas. Eso sí, como apunta Bauzà, «encontramos esos vestigios, pero con tramos de marges derruidos que ya será muy difícil, por no decir imposible, recuperar».

El apunte

Una compleja identificación a partir de una foto en blanco y negro

Para poder cartografiar las cubiertas del suelo que aparecen en la fotografía militar americana de 1956, sin olvidar que se hizo en blanco y negro, Joan Bauzà ha trabajado con un método de clasificación que permite identificarlas de manera semiautomática y que se fundamenta en la relación entre los diferentes niveles de intensidad de grises de los píxeles que forman la imagen, con el objetivo de distinguir patrones de textura. Todo ello, a partir de puntos etiquetados de manera manual para instruir un algoritmo.

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