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Unidos por el cómic

En los talleres se genera un ambiente creativo y positivo. | Pere Bergas

| Palma |

Carentes de palmeras y manantiales, la ciudad posee sus propios oasis; alcanzado el segundo piso del tercer portal del Carrer dels Set Cantons, mansas melodías de piano encubren el bullicio del centro de Palma. Allí se encuentra el taller de dibujo Arte&Comics, una asociación cultural que ofrece un espacio de expresión artística para gente de toda edad y condición.

«Para los jóvenes el arte es una terapia: descansan de la actividad intelectual y recarga su energía. El cómic es una herramienta didáctica muy interesante. Los alumnos desarrollan el lenguaje, la geometría y la creatividad», afirma Carlos Galeano, fundador de la asociación en 2005.

Expresión

«El dibujo es un lenguaje que me permite transmitir todo lo que llevo dentro», explica Antonio Gordo, un joven de 23 años, mientras trabaja en el boceto de un samurái. Por su parte, Agustin Beneit, de 17 años, se encuentra enfrascado en la recreación de la escena de Murillo Niños comiendo uvas y melón: «Empecé hace cuatro años. Antes dibujaba mucho manga pero resultaba repetitivo. El profesor me ha mandado esta tarea para que aprenda cómo funcionan los tonos, volúmenes y demás».

Durante la época estival, los alumnos aprenden nuevas técnicas que más tarde aplican a su estilo. «Con el tiempo se dan cuenta de que toda forma artística les transmite una emoción. En verano les enseño las técnicas que no ven en todo al año: cómo se trabaja un mural, la pintura al óleo, la acrílica, al temple, etc. Así encuentran quiénes son. Como dijo Picasso, yo no busco, yo encuentro», sentencia Galeano. Julio Ruiz lleva más de una década asistiendo a las clases. «Me gusta el ambiente positivo y creativo, el humor de Charly. Dibujo de todo, descubrí esta afición cuando tenían que operarme por mi escoliosis.

Julio Ruiz y su detallada ilustración.

Empezó como algo terapéutico y ahora quiero seguir dibujando el resto de mi vida», confiesa Ruiz, sumido en una ilustración de la película Dentro del laberinto (1986).
Muchos de ellos sueñan con hacer del arte su profesión, como Sebastián Lozano, quien desea trabajar como animador: «Con el realismo aprendo las técnicas y bases de dibujo que luego aplico en el cartoon, el estilo que me gusta desde niño».

La asociación acoge a personas de todas las edades.
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