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Antonio Gómez no se echa al monte

Antonio Gómez junto a José Ramón Bauzá. | M. À. Cañellas

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Antonio Gómez, el férreo viceopresidente de José Ramón Bauzá, que estuvo junto a él en las decisiones y acciones más controvertidas de su mandato, se ha tomado con «tranquilidad» su entrada en la oposición. Mientras Bauzá se consume en intentonas desesperadas para intentar mantener la máxima cuota posible de un poder político que se le escapa de las manos, Gómez va a lo suyo y marca distancias.

Y lo suyo en estos momentos es «arreglar su situación personal como agente de medio ambiente». De hecho, ha pedido el reingreso «para arreglar mi situación». Así, durante una temporada volverá a ejercer de agente forestal y mantendrá su condición de diputado cobrando como parlamentario mediante el concepto de dietas globales. Después de haber ocupado y asentado su plaza, volverá a pedir la excedencia para dedicarse por entero al Parlament. Gómez (natural de Murcia) llegó destinado a Mallorca en los años ochenta como agente forestal. Se asentó en Escorca, donde llegó a alcalde y cuidador de la finca de Menut. El PP lo promocionó y fue director general de Caza con Jaume Matas, donde ya consolidó rango y sueldo.

Gómez se ríe cuando le dicen que este regreso temporal a la función pública es para alcanzar el grado 33 (el máximo) de la Administración. De hecho, por su categoría laboral no puede aspirar a este nivel, pero sí asentar su plaza de agente medioambiental. Su regreso ha ocasionado comentarios entre otros funcionarios del mismo sector ya que se dice que una funcionaria perderá su plaza porque la ha exigido Gómez para él, y eso que luego dice que volverá full time al Parlament. Son cosas del servicio público.

Gómez se está mostando estas semanas como un pragmático. Algunos creían que continuaría siendo la espada flamígera que defendería a José Ramón Bauzá hasta la última gota de sudor y de sangre. No ha sido así. Antonio se ha vuelto muy distante de las trincheras donde se libra la actual batalla política del PP Balear. Lejos quedan los tiempos en que acompañaba a Bauzá cuando exigía sonados ceses, como el del president del Parlament Pere Rotger.

Ahora Gómez parece haber recuperado la calma de los montes y recobrado el gusto por el canto de los pájaros. Mientras Bauzá está cada vez más histérico, el forestal aparece más pausado y comedido. Se ha acomodado en el Grupo Parlamentario en un plano discreto, conservando la dignidad pero sin sacar la cresta más que lo imprescindible.

La calma del agente Gómez es el contrapunto y la medida de los nervios de Bauzá. No se ha echado al monte en defensa de su exjefe y valedor político.Contempla el drama personal que atraviesa su expresident cada vez con más distancia.

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