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La batalla del PP se centra en Campos

Sebastià Sagreras. | Juanjo Roig

| Palma |

Dos pesos pesados ligados a Campos, el alcalde Sebastià Sagreras Peixet y el yerno de la pastelería Can Pomar de Campos, Jaume Bauzá, también exalcalde de Montuïri, pugnan por ser el nuevo presidente interino del PP hasta que se celebre el congreso del partido el año que viene. «Aparentemente parecen dos gotas de agua», pero no hay que llamarse a engaño, hay muchas diferencias entre ellos, sobre todo de lealtades. Bauzá es un digitado de José Ramón y José María, dispuestos a mantener el estatu quo actual dentro de la sede central del partido (auténtico vértice de la batalla), mientras que Peixet, regionalista de alma y de corazón, es el hombre del cambio, lo cual produce espasmos en el castillo de Palau Reial

Todo empezó el pasado viernes en una comida en un resturante de Palma. Allí estaban, entre otros, José María Rodríguez, algunos miembros del sanedrín de Bauzá (Javier Fons y Martí Juaneda) y otros pocos fieles al todavía presidente transformado en senador. Convocaron al yerno de Casa Pomar. Durante la comida pusieron por las nubes a Jaume Bauzá. Más que un exalcalde le convirtieron en un palo de crema. Y entre alabanza y alabanza le hicieron el dobladillo. Le dijeron que era el «hombre adecuado» para convertirse en presidente interino. La jugada estaba clara: «Jaume Bauzá tiene pinta de regionalista», va a las comidas de los alcaldes,«es el perfecto pastel de merengue para llevárse a todos los regionalistas al huerto de Hamelín». Rodríguez y el sanedrín consiguieron que Jaumet Bauzá picase. Y le lanzaron.

Peixet

Lo que pasa es que «los regionalistas se han hecho más listos que el hambre a fuerza de recibir mazazos traperos». Vieron enseguida la jugada de José Ramón, José María y el sanedrín y lanzaron a Sebastià Sagreras, Vuelve el pulso, vuelve la lucha entre el búnker que no quiere ceder el control de la sede central y los partidarios del cambio, «que exigen limpieza y cambio a fondo para iniciar la nueva etapa sin cinismos ni hipocresías».

Mientras, José Ramón se hace el despistado a la par que mueve los hilos por detrás. Quiere dejarlo todo amarrado y bien amarrado. Por un lado alienta un movimiento de derecha dura y madrileñista que está combatiendo en las redes a regionalistas, izquierdistas y todos los que no piensen como ellos. «Parecen tertulianos de cadena ultracatólica madrileña».

«Por el otro lado José Ramón empuja con manos prestadas al regionalista Jaume Bauzá» a la par que se fue a Madrid a lanzar diatribas de pasillo contra la izquierda en la conferencia del PP mientras la cúpula de Génova le apartaba de uno de los foros dedicado al desarrollo autonómico y facilitaba que Miquel Vidal ocupase su puesto.

En el PP comenta que «el fondo de esta obcecación por controlar el partido se centra en que José Ramón no quiere que ningún extraño meta el hocico con mala inención en como se ha gestionado el PP balear estos últimos años». El pesidente se hartó de decir que a la política se va a servir y no a servirse. Pero ha gestionado el PP como «un señor feudal».

Entre los regionalistas hay «curiosidad» por conocer algunos desplazamientos. Por ejemplo, varios viajes a Málaga o a Venecia. O también las comidas semanales que celebraba Bauzá con su sanedrín ampliado a Miquel Vidal y Jeroni Salom, «encuentros de restasurante a los que casi siempre invitaban al gerente del partido, Lorenzo García Moll».

Los regionalistas no se rinden. Quieren renovación y «de verdad gente que no vaya a la política a servirse». La tensión lejos de remitir, aumenta. José Ramón no afloja. Y la candidatura de Jaume Bauzá, el yerno de Can Pomar, ya está más hinchada que un buñuelo de viento relleno de chocolate. «Habrá que ver qué pasa si estalla».

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