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Carod-Rovira: «Puedes ser un gran patriota y a la vez un perfecto inútil»

Un numeroso público acudió a escuchar a Carod-Rovira y su elogio de la vida política que también incluyó críticas a los partidos. Fotos: TERESA AYUGA/JOAN TORRES | Teresa Ayuga

| Palma |

Un encendido elogio de la actividad política, en estos tiempos de descrédito, a la vez de una serie de propuestas para hacerla más transparente y para cambiar su lenguaje, «sobre todo el de la izquierda», marcó la conferencia organizada por el Club Última Hora que el vicepresidente en funciones de la Generalitat de Catalunya, el republicano Carod-Rovira, ofreció ayer en CaixaForum.

Josep Lluís Carod-Rovira no aburrió para nada al aforo y trufó su intervención, que registró una gran afluencia, con comentarios no exentos de ironía. El mismo, en su intervención, confesó que a él le aburren mucho las conferencias de político y, por ese motivo, adoptó un tono ágil que le permitió contactar con el público.

Carod-Rovira fue directo desde el minuto uno de su conferencia, cuando destacó que los cargos políticos son los únicos electos y, sin embargo, son los que reciben los primeros reproches en época de crisis. Recordó que los principales causantes de la crisis, los especuladores económicos, no son cargos electos y que las quejas y protestas siempre se celebran frente a las instituciones políticas. «A mí me gustaría poder elegir al sheriff , como en las películas americanas»

Medios de comunicación

Carod-Rovira advirtió de la necesidad de prestigiar la vida política y no se anduvo por las ramas a la hora de mostrar su convencimiento de que «los políticos han de estar bien pagados» pues de otro modo sólo llegarán allí los mediocres. «Al paso que vamos, si no asumimos una mayor responsabilidad, a la política sólo irán los frikis, los iluminados, los incompetentes y los mediocres».

En su intervención, Carod-Rovira no ocultó su desazón por el 'poder' de otros estamentos que no se someten a las urnas y fue crítico con «algunos» (destacó especialmente la frase «algunos») medios de comunicación. Adelantó que está preparando un artículo que se llamará 'No es verdad' en la que irá «desmintiendo» los «35 rumores» que han contado de él. «Si todo lo que han contado de mí fuera verdad, tendría 15 casas, entre ellas un palacete en Pedralbes y habría nacido en cuatro sitios diferentes, incluida Canarias». Insistió en que si se reforzaran los mecanismos deontológicos de la actividad periodística», también se reforzaría la imagen de la política.

Fue crítico con la corrupción de la vida política, pero también dejó claro, con ejemplos fáciles de entender, que la corrupción no afecta únicamente a la vida política. Preguntó: «¿Ustedes no conocen a nadie que haya pedido una factura sin IVA, que haya pedido un favor personal a un político o que haya contratado en negro?».

Autocrítica

Su defensa de la actividad 'noble' de la política no estuvo exenta de autocrítica. Por ejemplo: reclamó más transparencia y que se acabe para siempre con la expresión de que los partidos «tienen que lavar los trapos sucios en casa»; afirmó que, con frecuencia, «pensamos más en las próximas elecciones que en las próximas generaciones» y se quejó de que hay «profesionales» de la política que llevan subidos en el coche oficial desde los 27 años».

No esquivó un asunto que, admitió, le puede crear algún problema decirlo: la necesidad de que poder «remover» de sus puestos a funcionarios y altos cargos que no cumplen. Contó una anécdota: que al poco de llegar a su despacho pidió que le quitaran un cuadro de Dalí para trasladarlo a otro despacho. Y que «a los cuatro meses» vinieron «cuatro técnicos» y que había dos que miraban cómo los otros dos bajaban el cuadro de la pared y lo llevaban a otra dependencia. «En la Administración, habría que empezar a poner criterios de rendimiento».

La última parte de su conferencia la dedicó a señalar la conveniencia de que la política, y especialmente los partidos de izquierda, cambiaran de discurso, no se cortó al decir que «puedes ser un gran patriota y un perfecto inútil» y afirmó que la izquierda tenía que cambiar y definir cuál es su discurso sobre la familia, el discurso o el laicismo. Dijo que muchos militantes se habían quedado con el discurso «antifranquista» y que aún se llamaban por sus nombres de la clandestinidad. Abogó por quitar peso a los 'aparatos de los partidos» e hizo un llamamiento a la sociedad civil. Dijo que él no se retirara la política sino que marcaba una cierta distancia de donde está ahora.

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