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El fuerte ruido por las obras del metro obliga a suspender clases en la Universitat

Estudiantes de Filosofía y Letras se quejan al rector por la «insoportable» situación

J. TORRES
El ruido de las obras del metro en el campus universitario obligó ayer por la tarde a suspender diversas clases previstas en la Facultat de Filosofia i Lletres de la Universitat de les Illes Balears (UIB), ubicada en el edificio Ramon Llull. Incluso, un grupo de alumnos se desplazó hasta el Rectorado para quejarse ante el máximo responsable de la Universitat, Avel.lí Blasco, quien les anunció que las obras sólo durarán dos días más y les ofreció la opción de cambiar de aulas mientras duren los trabajos.

Desde hace quince días, una máquina apisonadora trabaja a muy pocos metros del ala oeste del edificio Ramon Llull, donde se construye una salida de emergencia de la futura estación del metro. Alumnos de Filosofia, Treball Social, Historia o de diversas filologías se han visto afectados, en menor o mayor medida, por el ruido que genera la maquinaria. «El ruido es insoportable y estamos a un mes de los exámenes», explicó ayer el alumno de segundo de Filosofia, Francisco Donate. «Hace más de una semana que casi no podemos oír a los profesores, las paredes y las mesas tiemblan y no podíamos aguantar más», aseguró Mónica Plaza, otra estudiante de segundo de Filosofia.

Ayer, después de que los primeros profesores de la tarde no pudieran impartir las clases por el fuerte ruido, los alumnos de segundo de Filosofia dijeron basta, decidieron suspender las restantes actividades docentes y se desplazaron hacia el Rectorado para dar a conocer a los responsables su situación y exigir una solución. El rector de la Universitat de les Illes Balears, Avel·lí Blasco, les explicó que las obras se habían iniciado coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa pero se habían retrasado. Con todo, les garantizó que sólo habrá obras durante dos días más y les avisó de que sus profesores sabían desde la semana pasada que podían elegir aulas alternativas, en otros edificios del campus, en caso que el estruendo les impidiera trabajar. Pero, también según el rector de la UIB, muy pocos profesores decidieron continuar en las mismas aulas y, por lo tanto, los afectados serían pocos.
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