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Saber poner al mal tiempo buena cara

Juan Fuster vuelve a dirigir el Niza, su bar

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Juan Fuster Sastre le ha sabido poner buena cara al mal tiempo. ¡Qué remedio! Hombre de gran vitalidad -y actividad- de la noche a la mañana un derrame cerebral le frenó en seco obligándole a pasar año y medio en el hospital, del que salió en silla de ruedas. Pero, como decimos, el que fuera presidente de PIMEM, de Restauració de Balears y de PIME Balears, además de vicepresidente de EUROPMI, está superando el traspié y, de momento, le está ganando el pulso a la mala suerte. A mediodía de ayer hablamos con él en el bar Niza, su bar, en el que, excepto el tiempo que permaneció en el hospital, ha estado toda la vida y adonde ha vuelto.

-El Niza es un clásico entre los bares clásicos de Palma, sin duda.
-Yo creo que sí. Y también un punto de referencia. Un bar para quedar.

-¿Lamentó el cierre del Triquet?
-Por supuesto que sí. Era otro de los clásicos, un bar muy emblemático, con historia.

-¿El Niza es un bar de clientela fija?
-No. Su clientela va variando. Es gente que va y viene. No es un bar de barriada. Es, como le he dicho, un bar de paso. «¿Nos vemos en el bar Niza?», dice la gente.

-¿Siempre aquí, en el Niza?
-Antes que aquí estuvimos en el quiosco que había en la estación, ahí delante. En el año 59 mi padre se vino aquí. Yo, desde entonces, dirigí el bar.

-De entonces a hoy han cambiado los tiempos, eh...
-¡Y tanto! Piense usted que cuando comenzamos aquí, esto era el extrarradio. Distaba bastante del centro. Pese a ello, cobrábamos caro. El café a cuatro pesetas. Y si añadíamos el coñac, diez pesetas. Sin embargo la gente venía. Afortunadamente, muy cerca estaba la parada de los autobuses de s'Arenal, que en verano animaban mucho todo esto.

-¿Sigue haciéndose en el bar la tertulia taurina?
-Sí, cada sábado. A la gente de esta tertulia le gusta hacerla aquí porque es un lugar amplio, en el que pueden hablar de sus cosas. Yo me llevo muy bien con ellos, entre otras cosas porque me gustan los toros. Cuando era joven no me perdía ninguna corrida.

-¿Cuántas ofertas ha recibido por el bar?
-¡Uf, uf, uf...¡ No es propiedad, sino que está alquilado, pero innumerables veces. Creo que, si no es la más importante esquina de Palma, le falta poco. Sepa usted que aquí, cualquier negocio triunfaría. ¡No se puede ni imaginar la de gente que a diario pasa por aquí delante!

-El hecho de que la Plaça d'Espanya sea una especie de subsede de la marginación, ¿le perjudica?
-Al principio, un poco. Ahora no. Ahora hay menos chusma que antes.

-¿Sabe que van a levantar de nuevo la Plaça d'Espanya? ¿Qué opina?
-Que no tienen vergüenza. Construyen un parque y lo tiran para volverlo a construir. Reformaron la plaza y ahora vuelven a levantarla. No tienen vergüenza.

-Siendo la persona activa que es, ¿qué supuso para usted la enfermedad y luego verse como se ve, en silla de ruedas? Supongo que el mundo se le cayó encima, ¿no?
-Más que eso. Tenga en cuenta que la enfermedad me obligó a estar un año y medio en el hospital, sin poder salir. Cuando me dieron el alta, salí llorando. Y lo primero que hice fue venir aquí, al Niza, donde la gente me recibió de pie, con aplausos y besos. Afortunadamente, poco a poco me voy rehaciendo, aunque tengo días mejores y peores.

-¿Qué les dice a los que, como a usted, la vida les ha hecho una jugarreta?
-Que no se rindan, porque como lo hagan están listos. Hay días que estarás deprimido, pero procura superarlos. Distráete y conserva las amistades, y si tienes un negocio procura llevar su gestión.

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