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Un hogar a la intemperie

La Unidad Móvil de Emergencia Social de Cruz Roja patrulla cada noche por Palma para auxiliar a las personas que viven y duermen en la calle

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Miércoles, ocho de la tarde. Javier y Gloria empiezan su guardia al frente de la Unidad Móvil de Emergencia Social (UMES) dos horas antes de lo habitual, la cruda meteorología invernal así lo recomienda, y su primer destino es sa Placeta, donde se aprovisionan de galletas y llenan los termos de café y chocolate caliente para los «sin techo» que esa noche, como todas las demás, van a encontrar en las calles de Palma.

Javier es osteópata de profesión y Gloria, trabajadora social; son dos de los cuatro miembros que componen el equipo de la UMES de la Cruz Roja, que gestiona este servicio ininterrumpido de s'Institut, para el que cada día cuentan, además, con un voluntario. «Los dos trabajamos en esta unidad desde finales de marzo y lo cierto es que estamos encantados -comenta Javier-, no es un mundo tan oscuro como se ve desde fuera, son personas como las demás y día a día ves los frutos del trabajo que realizas con ellas y eso engancha. Además, el equipo está muy unido, lo que lo hace todo más fácil».

Con mantas, comida y bebida caliente dispuesta, la unidad pone rumbo a Cala Estància «donde ayer había una persona en la calle y vamos a ver si sigue ahí». Esta vez no está.

Mientras Javier conduce, Gloria se encarga de llamar a los albergues -principalmente sa Placeta, SAPS y Casa de Familia- para saber cuántas plazas libres tienen esa noche.

Una llamada del 112 -otras provienen de la policía- les encamina al Born, en pleno centro de Ciutat, para atender a Domingo, que acepta el chocolate. Sobre lo de ir a un albergue dice que «quizá mañana» y se queja de que un grupo de jóvenes le roban el dinero que gana por el día.

«Nuestra forma de proceder -relata Gloria- es la siguiente: lo primero que hacemos cuando nos acercamos por primera vez a una de estas personas es intentar empatizar con ella, ganarnos su confianza, y a partir de ahí, sin juzgarles ni presionarles, les ofrecemos ir a dormir a un albergue, si las circunstancias lo aconsejan, y, si no, mantas y algo para comer o beber. También les brindamos charlas de asesoramiento, sobre temas sanitarios, tramitación de pensiones, etc. Según les vamos conociendo más, vamos hablando más con ellos y a veces nos cuentan cosas de sus vidas».

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