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Editorial

Los derechos de los criminales

Europa parecía haber dejado atrás aquellos siniestros años en que proliferaron las ideologías nazis y fascistas, pero nada más lejos. Cuando la juventud prácticamente lo ignora todo de un pasado no tan lejano, la sombra de uno de aquellos monstruos que quisieron limpiar el viejo continente de sangre judía "y gitana, y homosexual, y disminuida..." vuelve a hacerse ver. Ahora ha sido el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que ha condenado a Francia por violar los derechos fundamentales de Maurice Papon, hoy un anciano de 91 años, que en su día fue responsable de la matanza de muchos inocentes, cuando era ministro del Gobierno francés de Vichy, colaboracionista con el régimen nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no eran ésos todos los puntos negros en el historial de Papon, porque después de la guerra, cuando ejerció de jefe de la policía, logró «atesorar» una fama que le hacía responsable de la matanza del metro Charonne, en la que murió una decena de comunistas, y de la sangrienta represión de una manifestación de argelinos en 1961, con varios muertos.

El país vecino había condenado a diez años de prisión a este individuo por su complicidad en crímenes contra la Humanidad "envió a más de 1.500 judíos hacia los campos de concentración nazis" y ahora es él quien exige el cumplimiento escrupuloso de las garantías procesales en el juicio.

Quizá sea una contradicción para muchos, pero lo cierto es que sólo la más estricta ecuanimidad y la impecable utilización de los recursos de la Ley garantizan el Estado democrático y a la presunción de inocencia y otras ventajas vulneradas en este caso tienen derecho todas las personas, por terribles que hayan sido sus crímenes.

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