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Luz, calor y fiesta poblera en Gràcia

La tradicional fiesta mallorquina exportada a Barcelona por Antoni Torrens cumplió ayer su décimo aniversario

Una vez más el encuentro pobler en el distrito de Gràcia de Barcelona resultó un gran éxito.

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Un año más el distrito de Gràcia volvió a encender los foguerons de Sant Antoni para celebrar el décimo aniversario de la Festa poblera. El espectacular festejo comenzó con la actuación de los Castellers de Gràcia junto a los de Mallorca, una agrupación que desplazó a más de cien personas para formar sus torres humanas en la plaza Rius i Taulet.

La recepción oficial en la sede del Districte de Gràcia estuvo presidida por Ferran Mascarell, quien volvió a dar la bienvenida a los mallorquines, entre los que se encontraba el conseller de turisme del Govern balear, Celestí Alomar. Luego, el espectacular pasacalles, que empezó ante el edificio municipal y recorrió las calles del distrito hasta llegar a la plaza de la Virreina, y en el que participaron la banda Sac i Canyes de Vilanova, El Drac de Gràcia, El Drac Gaudiamus del Coll, La Diabólica de Gràcia, La Vella de Gràcia, La Maléfica del Coll, Grallers de Gràcia, Els Bastoners de Gràcia, Els Bastoners de Barcelona, Els Gegants de Gràcia, Els Gegantons de la Federació, Els Gegantons del Pi, El nans de Sant Agustí y Els Dimonis d'Albopas, Els Tamborers d'Albopas, y Els Xeremiers Tomás Salvà, Miquel Tugores, Pere Martorell, Joan Sureda, los hermanos Mulet, Joan Sans y los hermanos Tomeu y Mateu Aloy «Llargos».

Terminado el desfile, y antes de proceder al encendido de los «foguerons», en la plaza de la Virreina, todos los dimonis encendieron las antorchas al unísono dando la sensación de que el sol se hubiera querido asomar por unos instantes y presenciar lo que tan sólo hace diez años parecía imposible, y que lo han logrado un grupo de entusiastas mallorquines, encabezados por Antoni Torrens. Y llegó sa torrada en las plazas del Diamant, Virreina, Nord, en la calle Verdi y Reig i Bonet, y el sonido de «sa ximbomba», que contribuyó a que los mallorquines se sintieran en casa.

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