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La mujer, el fuego y la serpiente

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Para que luego digan que si sexo débil, que si tal, que si cual. Pues véanlas. Ellas son Betty, francesa, y Mandana, iraní. La primera juega con fuego y la segunda con serpientes, aunque la primera también las saca al escenario de vez en cuando.

Mandana trabaja con serpientes desde hace seis años, pero hasta días atrás, cuando la vimos en el Nuevo Riu con una de ellas, no teníamos ni idea de su existencia. Y eso que "según cuenta" ha recorrido medio mundo con ellas, sin sufrir ningún percance, entre otras cosas porque, tanto con Harry I, que es la que ven, como con Harry II, de tres metros de largo y diecisiete kilos de peso "«que no suelo sacar al escenario por lo grande que es, lo cual asusta un poco al público»", conviven con ella como la que tiene un perro y un gato.

Por su parte, Betty, que trabaja en Barcelona y que viene a Palma a menudo, pues está enrolada en el Performance Gore, juega con fuego, o como se dice en el argot, escupe fuego, lo cual, si a simple vista parece fácil, no lo es, dado que requiere una técnica, que sin aplicarla convierte lo fácil en peligroso. También, de vez en cuando, saca serpientes al escenario, conviviendo con una de ellas: Lulú, una pitón regius.

Lo de escupir fuego se lo enseñó una buena amiga nuestra, Charo Oubiña, quien también convive de vez en cuando con serpientes, concretamente con la pitón Fifí. Utiliza aceite de parafina «por ser menos peligroso que el gasóleo». La técnica está en escupir el combustible cuando sitúa la antorcha verticalmente, lo que hace que la llama suba y se mezcle con aquél. Betty trabaja en top less no porque así esté mejor, «sino porque cuanta menos ropa lleves, menos posibilidades tienes de quemarte». Noches atrás, también en la gala del Nuevo Riu, dio una auténtica exhibición de escupir fuego. «La próxima vez lo haré en la Nochevieja de BCM», anuncia.

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