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Las mujeres del circo

Rita (domadora), Adina y Marina (acróbatas), Melisa (trapecista) y Gillian (rotulista) ponen cariño, color y calor al mayor espectáculo del mundo

Rita, alemana, doma tigres y elefantes. Foto: J.A.

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Niñas, niños, señoras y señores, pasen y disfruten con el circo. El Williams ya está aquí. Lo encontrarán en la carretera de Sóller. Desde el viernes pueden asistir a sus funciones y disfrutar, sobre todo, de sus novedades, que son bastantes, en especial dos: tigres bengalíes blancos y elefantes, gigantescos y aparentemente tranquilos. Nosotros estuvimos el jueves por la mañana, en plenos preparativos. Nos llamó la atención observar la actividad que había debajo y en los alrededores de la carpa pese a la hora temprana que era: las nueve y media.

Los dos elefantes, lentamente, salían de su contenedor-jaula, y tras hacer sus necesidades, beber y comer pantagruélicamente, se tumbaban sobre sus patas y dejaban que el bueno de Marcel, con un cepillo de púas, les quitara la paja que a lo largo de la noche se había acumulado sobre sus espaldas. A poco llegó la guapa Rita, una alemana, bailarina profesional, que un buen día descubrió el circo y se enamoró de él hasta el punto de dejarlo todo y, de la mano de Marcel, aprender el oficio de domadora de tigres y elefantes. «Para mí son más peligrosos los elefantes que los tigres, incluso los tigres blancos», asegura subiéndose a un elefante.

Aunque para historia de amor, la de la escocesa Gillian. Es hermosa y, en cierto modo, parecida a la de Estefanía de Mónaco con el domador austríaco Knie. Resulta que Gillian, relaciones públicas en su país, estaba de vacaciones en s'Illot, donde conoció a Alejandro, acróbata del Circo Williams, de quien se enamoró, siendo correspondida. Al igual que Rita y, ¿por qué no?, Estefanía de Mónaco, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, dejó su trabajo y se enroló en el Williams para estar cerca de su amor. Eso sucedía hace año y medio.

Hoy siguen juntos bajo la misma carpa. Él haciendo lo de siempre: acrobacias que embelesan al respetable, y ella como rotulista y pintora, cosa que hace muy bien, basta, si no, ver los carteles que hay en la entrada del circo, o cómo ha decorado los tráileres de los camiones. Pero es que en el Williams hay más mujeres. La inglesa Melisa es la trapecista. Vive en una pequeña roulotte, casi en frente de la jaula de los tigres. Muy amable, trepa por la cuerda hacia el trapecio, que domina a la perfección. Por último está Marina, domadora de caballos y acróbata, «aunque ahora de baja debido a una caída».

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