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Mabel, imparable cotorra

Ayer tomó la palabra y se la quedó para siempre ante el estupor general

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Nunca me había implicado en la trama, pero ayer tuve que enchufarme a un suero de Tranquimazín Compósitum, con una toallita de agua helada en la nuca (necesitaba hostigarme el riego en la azotea, para no tener un derrame inmediato), y a continuación llamé a mi abogado, pues pienso interponer una querella sádico-criminal contra Mabel por intentar liquidarme. Fue exactamente a las 16.38, pero no puedo precisar si era conexión en directo o resumen anterior, entre otras cosas porque el temblor general y una catarata que se me disparó inmediatamente me impedían ver la esfera del reloj.

Estaban sentados a la mesa de la cocina Iván, Ismael y ella, que hablaba cual ametralladora, sin escuchar a nadie: «cuando salga abrazaré a mi marido y a mis hijos, porque he aprendido a apreciarlos aquí dentro, porque podría estar fuera, pero les daré un abrazote y luego... ta... ta...»; los demás intentaban colar alguna palabra, pero sus esfuerzos se oían en segundo plano y la cámara sólo enfocaba a Mabel Misericordiae (el operario estaría entrando en coma, como yo mismo), que seguía largando con cara medio de ayatolana Jomeini iluminada y la loca madre de Carrie: «porque muchos dirán de mí que qué hace ésta, tan jovenzota, con tanto niño, pero de verdoooa, de verdoooa, que me conformo con mi pisito y una casita en el campo y...». Los demás se quedaron callados y resignados. A partir de ahora será Mabel Cotorrae Misericordiae.

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