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Con la mente en Kosovo

Las familias albano-kosovares acogidas en la Granja-escola Jovent cuentan cómo llegaron hasta Mallorca en su primer día de estancia en la Isla

Un grupo de 15 albanokosovares viven en la Granja-escola Jovent. Foto: JAUME ROSSELLÓ.

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Cenaron carne asada y ensalada. Después los más pequeños durmieron hasta las 10.30 de la mañana. Fue su primera noche en la Granja-escola Jovent, lugar donde los quince miembros del núcleo familiar albano-kosovar Sahatgiv llegaron el lunes por la noche procedentes de Àvila, tras una huida de Kosovo que iniciaron el pasado 30 de marzo. Ayer por la mañana las dos familias se despertaron tarde. Desayunaron café con leche, colacao, galletas, tostadas y fruta. Los niños durmieron con sus pijamas de invierno y, aún y todo, no pasaron calor.

Mientras se reunían los miembros de una comisión interdepartamental para decidir su programa de Mallorca "que incluye la integración de los niños en las actividades propias de una granja", ambas familias hicieron su primer recorrido por su nueva casa. Todavía no conocen el mar, pero ayer tuvieron la oportunidad de relajarse un poco más viendo a los pequeños darse el primer baño en la piscina instalada en la granja.

El grupo lo integran 15 personas y lo encabeza Mevlyde, una mujer ya abuela que cuenta con algo más de 50 años de edad. En Pristina ha dejado a su marido "del que no sabe si todavía vive" y una de sus hijas, con la que habló hace dos días y tiene constancia de que se encuentra bien. Entre sollozos recuerda su salida de Kosovo, cómo tuvieron que evitar terrenos minados por los serbios y su deseo de regresar a su ciudad.

«Nos refugiamos en casa de mi hermana, siempre atentos a posibles disparos de los serbios. Las granadas explotaban por todas partes. A los tres días nos fuimos de allí y nos montamos en un tren. Estuvimos seis horas en la frontera de Macedonia, nos confiscaron todos los documentos. Los serbios nos dijeron que nos iban a quitar la cabeza. Tuvimos que andar por las vías del tren para evitar un terreno minado. En Macedonia estuvimos en un campo de refugiados y a las 5 semanas nos fuimos porque las condiciones eran malísimas», afirma la mujer.

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