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Daniel se encadena en Cort
Daniel Guardiola, tocado de sombrero a lo Indiana Jones, extrajo la larga cadena de la bolsa del SYP, agarró con la otra mano la pancarta "una sábana recortada" y se encaminó hacia Cort. El reloj marcaba las 8.47 de la mañana. Àgilmente, dio un brinco y se ubicó sobre el banco de piedra. Extendió la sábana, asió por una parte la cadena a su pierna y por otra a la barandilla de hierro que ocupa parte de la fachada de Cort. Toni Roig, que apuraba un café en el Cort, caminó rápido hacia aquel hombre, quien le explicó los motivos por los que estaba allí, como había hecho con nosotros minutos antes.

Al ratito, la acera se llenó de policías. Siete, llegamos a contar. Uno, el del calzón corto, hablaba con Daniel, mientras los otros miraban o hablaban entre sí. «Es el que regentaba en quiosco de las Estaciones» nos explicó Roig, regresando al bar.

Daniel aguantó como un numantino en la estación, tratando de proteger su quiosco de las iras de la pala, chiringuito en el que se había ganado la vida durante muchos años, «hasta que un día llegó un señor con barba y me dio un millón de pesetas para que me fuera, que yo acepté, pero pensando que era para que me fuera en lo que hacían las obras. Ahora reclamo que me den un puesto en el nuevo Parc de ses Estacions, pagando lo mismo que en el anterior, eso sí, aceptando el aumento del IVA».

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