El panorama político en Francia atraviesa un momento de máxima tensión después de que el primer ministro François Bayrou anunciara un drástico plan de ajuste que incluye la controvertida supresión de dos días festivos del calendario laboral. Esta medida forma parte de un ambicioso recorte presupuestario de casi 44.000 millones de euros para 2026, con el objetivo prioritario de sanear las finanzas públicas del país galo y atenuar las contraindicaciones de su elevada deuda.
La decisión ha desatado una tormenta política sin precedentes. La Agrupación Nacional (RN), liderada por Marine Le Pen, ha cargado duramente contra estas medidas y amenaza con presentar una moción de censura si el Gobierno no rectifica su posición. Una alianza entre la ultraderecha y la izquierda podría tumbar al ejecutivo de Bayrou, quien ya ha sobrevivido a otros intentos de destitución desde que asumió el cargo hace pocos meses.
«Toda la nación debe trabajar más: para producir, para aumentar la actividad nacional general y para mejorar la situación de Francia», defendió Bayrou al presentar su propuesta. Sin embargo, las encuestas revelan que el 70 % de los franceses rechaza la eliminación de los festivos, mientras que un 61 % se opone a la congelación del gasto social también contemplada en el plan.
Un precedente histórico que despierta alarmas
Esta no es la primera vez que un gobierno francés intenta suprimir días festivos para impulsar la economía. En 2005, el entonces primer ministro Jean-Pierre Raffarin implementó la eliminación del lunes de Pentecostés como una «jornada de solidaridad» para financiar la ayuda a los ancianos tras la devastadora ola de calor de 2003. El resultado fue caótico: algunas empresas cerraron mientras otras permanecieron abiertas, provocando huelgas y protestas generalizadas. Raffarin terminó dimitiendo poco después.
Desde España, los analistas económicos observan con atención esta controvertida medida, especialmente por las implicaciones que podría tener en las relaciones comerciales bilaterales y en un momento en que nuestro país baraja acercarse a la reducción de jornada de 37,5 horas semanales. Cabe señalar que Francia es uno de los principales socios comerciales de España, con un intercambio anual que supera los 70.000 millones de euros. Cualquier alteración significativa en la economía francesa repercute directamente en las exportaciones españolas.
Jordan Bardella, protegido de Le Pen y posible candidato presidencial para 2027, ha calificado la propuesta como «un ataque directo a nuestra historia, a nuestras raíces y a la Francia de los trabajadores». Por su parte, Sophie Binet, dirigente del sindicato CGT, criticó especialmente la posible supresión del festivo del 8 de mayo, que conmemora el final de la Segunda Guerra Mundial, cuestionando la eliminación de «un día que celebra la victoria sobre el nazismo, justo cuando la extrema derecha se encuentra a las puertas del poder».
División ante medidas impopulares y una dura realidad
A resultas de este contexto la opinión pública francesa se muestra profundamente dividida. Si bien existe un consenso sobre la necesidad de reducir el déficit público, que alcanzó el 5,5 % del PIB en 2024, las formas propuestas por Bayrou generan un rechazo mayoritario. Jean-Daniel Levy, de la encuestadora Harris Interactive, ha confirmado que aunque la mayoría apoya los esfuerzos para sanear las cuentas, rechazan contundentemente las medidas concretas propuestas.
«Creo que todo el mundo está de acuerdo en que hay que hacer un esfuerzo, pero hay esfuerzos y esfuerzos», declaró Jean Claude Vie, un jubilado de 85 años entrevistado en París, quien se preguntaba si el propio Bayrou estaba dispuesto a realizar algún sacrificio personal. «A sus 74 años más le valdría jubilarse que aferrarse a un puesto que podría ser para alguien más joven», añadió con evidente desaprobación.
La deuda pública francesa alcanzó a finales de 2024 el 110,6 % del PIB, muy por encima del límite del 60 % establecido por los criterios de convergencia europeos. Esta situación ha encendido las alarmas en Bruselas, que viene presionando a París desde hace meses para que adopte medidas estructurales que garanticen la sostenibilidad de sus finanzas públicas.
Los expertos económicos consultados por medios españoles coinciden en señalar que Francia se encuentra en una encrucijada. Por un lado, necesita urgentemente controlar su déficit y reducir su deuda pública para mantener la confianza de los mercados. Por otro, las medidas impopulares podrían desencadenar una crisis política que paralizaría cualquier intento de reforma, así como ahondar en el descrédito de la política tradicional, y de paso fortalecer a los extremismos y euroescepticismos.
La Comisión Europea sigue de cerca la evolución de la situación. La tensión se intensifica a medida que se acercan las negociaciones presupuestarias de otoño. Si Bayrou mantiene su posición, la probabilidad de que prospere una moción de censura aumenta considerablemente. Según los últimos sondeos, el Reagrupamiento Nacional de Le Pen podría ser el gran beneficiado de esta crisis, consolidando su posición como primera fuerza política de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Civitano de la mondoLa culpa no es de Francia ni de ningún otro país europeo, la culpa es la invasión de Ucrania por parte de Putín y las amenazas constantes a Occidente...nadie tenía pensado mandar armas a Ucrania si no hubiera sido para defenderla de los anhelos imperialistas de Rusia. Los países tienen derecho a su independencia y a que los demás respeten sus fronteras y Ucrania tiene la independencia desde 1991 y sus fronteras claramente definidas y aceptadas por el 99% de los países.