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Condenado a 18 años de prisión el asesino del político Pim Fortuyn

El fundador del partido LPF recibió cinco tiros en un parque en 2002

EFE-AMSTERDAM
El Tribunal de lo Penal de Amsterdam condenó ayer a 18 años de prisión al ecologista radical Volkert van der Graaf por el asesinato del político populista holandés Pim Fortuyn el 6 de mayo de 2002.

Con este veredicto, el juez Frans Bauduin rechazó la aplicación de la cadena perpetua que el fiscal del caso, Koos Plooy, solicitó para el asesino del político, que ha dejado una gran huella en la historia política holandesa.

El veredicto de 18 años contra Volkert van der Graaf, que engloba los crímenes de asesinato premeditado, tráfico y posesión de armas y amenaza, pone fin a la historia de un asesinato sin precedentes en la historia política holandesa.

Según la legislación holandesa, esta pena se reduce en la práctica en un cuarto, por lo que el asesino de Fortuyn permanecerá como máximo en prisión un período de 12 años.

El veredicto del juez fue seguido por gritos de protesta emitidos desde la tribuna pública de la Sala del Tribunal por simpatizantes del político populista asesinado.

Si bien el juez Bauduin reconoció que el crimen contra Fortuyn había «violado de forma extraordinaria el orden del Derecho», argumentó, en contra de los fiscales, que el asesinato no podía ser considerado como un «peligro en contra de la existencia de la Democracia».

El juez dijo que objetivamente sólo se podía constatar que el crimen contra Fortuyn había influido en el proceso electoral de mayo del 2002, pero no lo había dañado de forma «irreparable».

Pim Fortuyn, de 54 años, fue asesinado de cinco tiros, que le alcanzaron órganos vitales como el cerebro y los pulmones, en el parque mediático de la localidad de Hilversum después de haber concedido una entrevista para la radio.

Fundador del partido de carácter populista Lista Pim Fortuyn (LPF), había polarizado el debate político holandés durante la campaña electoral de 2002 con un programa xenófobo que abogaba por el cierre de las fronteras holandesas a nuevos flujos de inmigrantes así como por las acusaciones directas contra la cultura musulmana, a la que calificaba de «retrógrada».

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