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Elecciones Generales 10N 2019

El PSOE balear no quería estas elecciones

Los candidatos del PSOE al Congreso y al Senado ensobrando papeletas electorales. | Jaume Morey

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El PSOE balear (formalmente, el PSIB) hubiera detenido el calendario electoral en abril pasado de haber estado en su mano esa posibilidad. Nunca, como hace seis meses, había sacado el PSOE tanto provecho de una convocatoria electoral en las Islas desde 2011, cuando fue humillado por el PP que le superó en votos, porcentajes y escaños.

Fue el último año del bipartidismo, el último donde en el tablero sólo jugaban dos. Aquellas elecciones fueron el inicio de una travesía en el desierto que superó este año, saliendo por la puerta grande, tanto en las generales de abril como en las autonómicas de mayo.

El PSOE repite, prácticamente, su candidatura de abril pero con unas sensaciones muy diferentes a las de entonces. Pere Joan Pons, su cabeza de lista, era –al igual que la número dos, Sofía Hernanz– la viva imagen del aparente compromiso del PSOE y de Pedro Sánchez con la izquierda y de su voluntad de formar un Gobierno progresista.

Pons y Hernanz venía del 'no es no' de Sánchez y se rebelaron cuando la gestora apostó por la abstención que dio un año más de vida política a Rajoy.

La dirección del PSIB nunca quiso estas elecciones. Su secretaria general y presidenta del Govern, Francina Armengol, defendió desde el primer día extender al Gobierno estatal la fórmula del 'pacto a la balear'. Incluso cuando, después de las autonómicas, Pedro Sánchez estimó insuficiente el resultado de Podemos; creyó que el PP se descompondría y que su alerta «al fascismo» de Vox había convencido al electorado.

Durante el debate a cinco del lunes dejó claro que Podemos le seguía resultando una pareja incómoda y que podía intentar gobernar en solitario si el PSOE era la lista más votada.

Ni el candidato al Congreso Pere Joan Pons, ni Cosme Bonet ni Susana Moll (que optan al Senado por Mallorca) se han creído la encuesta del CIS que asigna cuatro escaños al socialismo.

Los cuatro escaños al Congreso serían el equivalente a los cinco que obtuvo el PP en 2011 y 2000, el año de la 'noche trágica' en que el PSOE sacó su peor resultado en España con Almunia de candidato a La Moncloa y parecía encaminado al suicidio.

En pleno bipartidismo, los socialistas sacaron en las Islas el 29,73 %. Se elegían siete escaños: cinco se los quedó el PP y los otros fueron para el PSOE. Teresa Riera encabezaba la candidatura.

La presidenta balear, Francina Armengol, ha participado activamente en esta campaña y ha dejado claro allá donde ha intervenido que hubiera preferido que estas elecciones no se convocaran pero que no quedaba más remedio que votar.

Hay que votar, explica, para que el PSOE siga siendo el número uno; para que «no se frene» desde el Gobierno estatal el «cambio iniciado en Baleares» y, lo que es más importante, para que la desmovilización de la izquierda no abra la puerta «a la ultraderecha». El PSOE, aquí, no ha cargado demasiado contra Podemos.

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