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Sangre, sudor y lágrimas

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Es mítica la frase que pronunció el primer ministro británico W.Churchill en mayo de 1940 ante la Cámara de los Comunes, tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y después de continuas derrotas ante la Alemania de Hitler.

Sin llegar al dramatismo de ese trágico momento histórico, sí que es cierto que estamos viviendo una situación que nuevamente está poniendo contra las cuerdas a nuestra economía. Tenemos una economía que, en algún puñetero momento, alguien debería preguntarse -si hubiera vida inteligente entre los que nos gobiernan… y nos han gobernado- por qué siempre nuestro país siempre sale peor parado ante cualquier situación de crisis.

Pensemos en la crisis del petróleo de los setenta; las devaluaciones de la peseta de finales de los 90; y las más recientes de la burbuja del ladrillo, la crisis financiera de 2009 en la que casi (y sin «casi») nos rescatan, o la más reciente de COVID-19 en la que nuestra economía ha sido de las más acreedoras de ayudas.

Definitivamente algo no se hace bien en nuestro país. Cuando desde un Gobierno se intenta ser el partido del pueblo, así en general, se cae en los populismos, los de izquierda y de derecha… y en estas situaciones siempre me viene a la cabeza la conocida cita –al menos entre los liberales– de Hayek en «Camino de servidumbre»: «A los socialistas de todos los partidos». Pues medidas como la subvención al combustible de forma generalizada, permitir una espiral precios-salarios o «las pensiones deben subir según el IPC», son medidas que añaden gasolina al fuego que tenemos montado.

El Plan de Choque de Respuesta a la Guerra les encanta a nuestros políticos (repartir fondos gusta tanto como cortar cintas en inauguraciones) pero como el Sr. Lobo de la película Pulp Fiction de Tarantino: «Tranquilícense caballeros, no empecemos a chuparnos las p****s todavía».

Y no estoy diciendo que de deba abandonar a su suerte a los más vulnerables, pero debemos ser conscientes de que algunas medidas lo que van a hacer es posponer el problema. Es decir, lo que ataja la inflación de precios es que suban los precios, pues la propia subida es el agua que apaga ese fuego. Por ello deberíamos ir asumiendo que los precios de la energía van a permanecer elevados durante un par de años.

¿Pero, en definitiva, cuál es el mayor riesgo? La temida estanflación: estancamiento económico con aumento del paro y la inflación.

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